Al lado del camino

Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados. (Alejo Carpentier)

No son ajenos

La noticia de un joven blanco disparando a mansalva contra miembros de una congregación religiosa negra en Carolina del Sur sacó a flote lo peor de mis emociones. A cada nuevo dato que aparecía sobre los hechos, saltaba una emoción negativa más intensa. En esos instantes, incluso el atávico “diente por diente” asomó a mi sub, o mejor, mi infraconsciente.

Después se despertó la razón y prevalecieron las ideas, los argumentos. Entre ellos; eventos de la historia “reciente”. Por el período que me ha tocado, sea como observador o como parte, he visto naciones surgir, imperios formarse, países crecer y convertirse en potencias… pero también he visto imperios caer, potencias fracasar, países desmembrarse.

Yugoslavia fue forjada sobre circunstancias histórico-políticas que unieron en un atado, distintas naciones, culturas y religiones. Funcionó por muchos años bajo la mano dura y las ideas nada heterodoxas de aquel mariscal Tito. No sucumbió al imperio soviético ni a la apetencia de Occidente. Quiso ser suya, propia, original y alcanzó ciertas cotas de desarrollo y éxito. También tuvo problemas, claro; y Occidente decidió un día agitar esas diferencias, acudir en apoyo de unos contra otros y destruir ese país tan políticamente incorrecto. Y ya sabemos todos lo que ocurrió.

Por supuesto, la propia Yugoslavia, como la inmensa mayoría de los países que conocemos hoy, surgió por la unión forzada o negociada de diferentes etnias, religiones, culturas, que muchas veces fueron engullidas totalmente; otras, repartidas entre estados colindantes hasta virtualmente desaparecer de la geografía. Véase lo sucedido en otra latitud con los kurdos; nación esparcida entre los territorios de varios países sin que haya podido recuperar su espacio geográfico propio. Simplemente, no existe como país.

Pero ojo: La cartografía es una representación gráfica de las fronteras políticas y otra cosa son las fronteras humanas.

Los Estados Unidos son una verdadera Babel y no es fácil imaginar todo lo que se necesita para mantenerlo como un ente único y funcional. Es un país de inmigrantes. Surgió como nación, tal como hoy lo conocemos,  del despojo cruento de una nación originaria, de una cruenta guerra, de sucesivas apropiaciones (pacíficas o violentas) de territorios. Se fortaleció a base de invasiones y otras apropiaciones en muchas otras guerras en todo el mundo. Hoy, aunque ya no es tan claro, sigue siendo la primera potencia; pero eso no lo hace más sólido como nación que lo que pueda pensarse de otros países que ya se desmoronaron o van en vías de ello.

Entonces, cuando pienso en la noticia de ese racista desquiciado asesinando negros con el arma que le compró por su cumpleaños su mal nacido padre (perdonen la metáfora edulcorada); alcanzo a pensar que lo que veo no es sino uno de los poros por donde sale el pus de una infección general que ha minado a ese gran país desde su origen. Pienso que de algún modo se están manifestando todos los males acumulados, ocultados, paliados durante décadas y siglos. Males que se componen del nacionalismo extremo, el racismo, la ignorancia, la tolerancia, la cultura de la ambición desmedida, el terror y otras mieles.

Cuando pienso en Estados Unidos veo ese país tremendo lleno de contradicciones y asuntos no resueltos, donde abundan las armas en manos de cualquiera, y temo, porque también es un poco mi país y allí viven mis hijos y mi familia, y cada día podemos despertar con noticias desgarradoras sobre crímenes de odio, o de porque si. Allí hay un sistema de justicia establecido y vigoroso, pero también hay miedos, prejuicios, cegueras políticas y una cantidad de monstruos del pasado ocultos tras banderas confederadas y de otro tipo; tras corporaciones mundiales generadoras de guerra y otras capaces de arrasar países y hasta el propio planeta Tierra si ello les produce ganancias.

Entonces todos esos monstruos que agitó en mí el horrible crimen de Carolina del Sur se traducen en dolor por esa tierra y su gente. Y por todas las naciones que de algún modo, jueguen con peligros como esos que hoy estremecen a la sociedad estadounidense y puedan parecerles ajenos. Pero no lo son.

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