Divina luna

DIVINA LUNA nace cuando decido no esperar para hacer algo por los demás. Mi objetivo es que todo el que pueda leerme reflexione y se dé cuenta de que los derechos no se piden, se exigen.

El derecho a morir dignamente

Recientemente Valentina Maureira, la joven de 14 años que solicitó la eutanasia a la presidenta de Chile Michelle Bachelet falleció de insuficiencia respiratoria. El caso de Valentina se hizo público el pasado mes de febrero cuando a través  de YouTube. En un video,  la joven le pidió a la presidenta  la autorización de usar  “la inyección para quedar dormida para siempre” por padecer fibrosis quística, una enfermedad que la llenaba de un dolor insoportable. La ley vigente en Chile (y en gran parte de Latinoamérica) no permite que el gobierno acceda a una solicitud de esa naturaleza.

Existen países como Holanda donde la eutanasia ha sido legalizada desde hace tiempo; se han presentado leyes para su descriminalización en Australia y en los Estados Unidos en el Estado de Oregon, y es motivo de debate en varios parlamentos a nivel mundial. 

En estos casos la muerte se busca para finalizar una vida que ha llegado a ser intolerable por el sufrimiento a causa del cual el paciente no quiere continuar viviendo o porque la vida ha adquirido tal condición mínima que no merece ser considerada digna.

En los últimos años ha habido un considerable debate acerca de la eticidad de permitir la eutanasia activa voluntaria y el suicidio asistido para enfermos terminales. Es indiscutible el derecho del paciente a decidir sobre su propio tratamiento, por lo tanto se reconoce el derecho a morir de un paciente terminal. Si se analiza la situación de las personas que solicitan la eutanasia, nos encontramos, además de al paciente, a sus familiares, los cuales son afectados de forma indirecta; por ejemplo, en el caso de Valentina, cada día de hospitalización costaba unos 2.000 dólares, difíciles de pagar para los Maureira, una familia humilde. En estos casos la muerte se busca para finalizar una vida que ha llegado a ser intolerable por el sufrimiento a causa del cual el paciente no quiere continuar viviendo o porque la vida ha adquirido tal condición mínima que no merece ser considerada digna.

Personalmente creo que debemos de ver esto como una forma de  protección de los derechos humanos. Toda persona tiene derecho a decidir sobre todo cuanto se refiera a su cuerpo; en consecuencia, decidir si quiere o no seguir viviendo. La vida en determinadas condiciones puede llegar a ser indigna; a quebrantar el derecho a la dignidad humana.  Una vida que no se puede vivir no es un privilegio, es un castigo. ¿Que hace del ser humano tan sólo un caso clínico de interés? No es justo someter a la persona a dolorosas situaciones cuando se tiene el poder de evitarlo.

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Sobre el autora

Tengo 17 años y soy dominicana. Me interesa estudiar periodismo. Desde que tengo 12 años participo en una serie de "simulacros" llamados Modelos de las Naciones Unidas (MUN) los cuales tienen como objetivo enseñar a los jóvenes el funcionamiento de este organismo internacional. Los MUN me dieron la oportunidad de conocer diferentes culturas y, sobre todo, las personas que viven realidades distintas a las mías y despertaron en mi la necesidad de hacer algo para ayudarles. En un futuro, quisiera trabajar en alguna de esas grandes organizaciones que se dedican a exigir el cumplimiento de cada uno de los derechos que nos corresponden a todos de manera igualitaria.