Al lado del camino

Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados. (Alejo Carpentier)

Cuba sí, pero…¿cómo?

La semana pasada hablaba del ritmo de los acontecimientos en marcha en Cuba, dados a conocer el 17D. Días después Raúl Castro dijo, hablando con periodistas, que la velocidad la controlan ellos, que van despacio para no cometer errores. Hoy quiero hablar del modo probable en que estos cambios podrían producirse.

¿Cómo y cuáles serán los pasos subsiguientes?

Ciertamente se precisaría de una bola de cristal para adelantar vaticinios; pero al menos sí podemos hablar de lo que no debe suceder. Y el primer gran no salta a la vista: Un cambio en las relaciones con Estados Unidos y ahora con la Unión Europea, traerá a su vez otros cambios en la vida social, política y económica de Cuba que difícilmente el propio gobierno de la isla pueda controlar. Por tanto, el pueblo, no únicamente sus sempiternos representantes, debe tener una participación directa en el proceso, y consecuentemente en los beneficios.

No creo nadie en el Caribe resista un sistema de esclavitud vestido de sociedad de consumo.

Y ya hay ejemplos flagrantes: Hace apenas unas semanas, una importante empresa de un país latinoamericano envió sus pesos pesados a Cuba para abrir posibilidades de negocios bajo las nuevas leyes y circunstancias. Un miembro de la delegación no pudo viajar. La parte cubana declinó recibirle como integrante de la delegación. ¿Razones? Una sola. Por su lugar de nacimiento: Cuba.

Otro ejemplo: Se reabren los viajes de ferry entre la Florida y La Habana, y una flotilla de veleros atravesó el estrecho este fin de semana pasado por primera vez en más de medio siglo legalmente, para llegar a la isla. Dos sucesos recibidos con euforia de ambos lados pero, a bordo de esas embarcaciones no se han permitido y al parecer no se permitirán, viajeros cubanos o que hayan nacido en Cuba.

Estas exclusiones no son inusuales en “la patria socialista”. Los cubanos pueden, desde hace algún tiempo disfrutar de las instalaciones turísticas de su propio país ¡vaya cosa! pero antes se vieron impedidos durante décadas de tal privilegio. Ahora bien, no estamos hablando de goces y placeres, sino de los destinos de esa isla.

Con estas señales es obvio que, lo que suceda en lo adelante, llámese actualización del sistema, simbiosis paradisíaca entre socialismo y capitalismo, modelo chino o vietnamita, o fórmula mágica RP-4ST2, sucederá sin que el cubano de a pie tenga siquiera la posibilidad de opinar.

 Los cubanos pueden, desde hace algún tiempo disfrutar de las instalaciones turísticas de su propio país ¡vaya cosa! pero antes se vieron impedidos durante décadas de tal privilegio.

Trato de imaginar cómo será Cuba dentro de cinco o diez años y no puedo verla funcionando según los modelos de China o Vietnam, porque la cultura de vida, la idiosincrasia y el contexto histórico son muy diferentes y no creo nadie en el Caribe resista un sistema de esclavitud vestido de sociedad de consumo.

El mito de vivir en el capitalismo (disfrutando de sus bienes de consumo) y trabajar en el socialismo (es decir, hacer como que se trabaja sin producir efectivamente); esa idea que se coló en su momento en las mentes de los habitantes de la Europa del Este, demostró ser no más que una quimera. Sucumbió bajo cambios traumáticos, cuota que debieron pagar para desprenderse de los regímenes que venían soportando atados ese amigo matón dispuesto a ponerle la bota encima (o los tanques) a quien dejara de sonreírle: el oso soviético.

Tampoco quiero imaginar un capitalismo salvaje o un caos social o la anarquía. Si un cambio merece el pueblo cubano es el de un paso gradual hacia una democracia abierta, económicamente eficiente que respete las libertades individuales.

La gente de Cuba tiene un potencial enorme pero carece de la experiencia para esa transformación. Si algo debiera hacer la comunidad internacional y todos los interesados en evitar allí una crisis; es colaborar mediante todos los mecanismos multilaterales habidos y por haber, a una transición suave, respetuosa.

Pero sospecho que también yo sucumbo a los encantos de la utopía.

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