Al lado del camino

Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados. (Alejo Carpentier)

Cuba sí, pero cuándo…

Los acontecimientos en marcha en Cuba desde el 17D me entusiasman y me llenan de dudas a un tiempo. Por fin algo se mueve, pero… ¿en qué dirección?

Apenas cinco meses después la isla grande vuelve a situarse en el escenario internacional, y esta vez logrando algo que muchos envidiarían: relaciones casi privilegiadas con los poderes más relevantes, (algunos de ellos en conflicto) de la geopolítica mundial: Estados Unidos, la Unión Europea Rusia, China, el Vaticano… ¡Qué bien!, se diría, pero, y aquí las dudas: ¿qué pasa con el polo más importante del conflicto en cualquier posible escenario inmediato? ¿Cuánto participa y se beneficia de este proceso el pueblo cubano?

No pretendo ser el aguafiestas; pero el entusiasmo no me impide pensar en algo tan determinante para ubicarnos en el proceso, determinar mi posición y actitud al respecto. ¿Cuánto beneficiará directamente al cubano de a pie este giro que, de hacerse como se debe, podría ser de verdad histórico?

“Ustedes son mitos. Se sabe que existen pero no se leen. Sus libros no están en las librerías”.

Muchos amigos y compatriotas se muestran escépticos. Algunos se oponen a los pasos que se dan porque no ven que las cosas cambien para beneficio de la población, y en esto, hasta el momento, llevan razón. Las medidas que se han tomado hasta ahora no crean espacios de libertad para la gente común. La situación económica no mejora.

Trato de mantener el optimismo. Tal vez porque, aunque no quiero aceptarlo, a veces sueño con pasar mis últimos años frente al mar de La Habana. Pero no de una Habana como la actual sino otra, donde vivamos en igualdad de derechos y oportunidades, con las delicias y los problemas del mundo, sin excepcionalidades ni dogmas.

Creo que Cuba tiene todo el potencial, por tradición, cultura, recursos humanos y naturales para ser una isla maravillosa respirando los aires de libertad y progreso, trabajando duro por el merecido bienestar. Pero luego…

Hace unos días hablaba con unos jóvenes escritores que viven allí y asistieron a un evento internacional fuera de la isla.  Se sorprendieron desde que nos presentaron. Me conocían de nombre, pero nunca me habían leído. Mientras viví en Cuba apenas se publicaron dos libros premiados de mi autoría, que fueron poco o nada distribuidos. También conocían, sin haber leído sus libros, otros nombres de colegas que hoy viven como yo, en otras latitudes: Ronaldo Menéndez, Rolando Sánchez Mejía, Carlos A. Aguilera, Michel Perdomo… y otros muchos.  Lo más increíble es que, aun siendo estudiantes de una institución que prácticamente centraliza la formación de los jóvenes escritores, tampoco habían leído a Reina María Rodríguez, para mí, la poeta cubana viva más importante y que aún reside en la isla.

“Ustedes son mitos. Se sabe que existen pero no se leen. Sus libros no están en las librerías”.

Pude haber dejado que se inflara mi ego con esa percepción que parte de una realidad manipulada ¡Ser un mito antes que autor leído! ¡Wow!

Sé que esta anécdota apenas habla del campo literario, noción insignificante para quienes día a día tiene que sortear las escaseces, el absurdo de lo cotidiano, los obstáculos para llevar una vida digna. Pero pregunto… ¿cuál es una de las más preciadas conquistas de Cuba en tanto que nación? ¡El arte! Y si este anda así, ¿qué podremos esperar del resto?

Tras décadas de comprobada incapacidad para hacer andar la economía ¿qué puede resultar de un nuevo escenario en el que el país se vea abarrotado de inversionistas y mercancías pero el viejo estado se aferre al control político y económico; donde las libertades democráticas sigan limitadas so pretexto de una ideología en la que ya nadie cree ni encuentra ataduras en la realidad?

Este tema merece más espacio. Espero volver a él la próxima semana y, si así lo creen, contar con las opiniones de los lectores de Al lado del camino.

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