Al lado del camino

Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados. (Alejo Carpentier)

Según se miren las cosas…

Hoy presencié un intercambio de opiniones en un vagón del Metro de Santo Domingo. Una joven se quejaba por una experiencia de bajos salarios o impagos - no pude escuchar bien- y acto seguido se dejó ir en un barraje de denuestos contra este país, que “por eso es que no avanza”, dijo.

Enseguida saltó otra joven que escuchaba calladamente hasta entonces para reclamarle que eso no es del todo cierto; que hay que hablar de los problemas pero tampoco se puede llegar al extremo de decir que nada cambia. Y puso el ejemplo de un alto funcionario de una importante institución del Estado, que habría comenzado su trabajo allí como mensajero y llegó a ser su presidente. Puso también de ejemplo al Metro y al desarrollo de la capital…

 Los adversarios carecen de argumentos y atacan con gritos o desautorizan al adversario con etiquetas y consignas

Nadie más intervino. Se mantuvo el tono de ambas, firme pero amigable, hasta que las puertas se abrieron y los pasajeros se derramaron en un río paciente pero indetenible hacia los andenes, pasillos y escaleras. El debate no había llegado a conclusiones, pero para mí fue suficiente lo que vi: confrontar miradas opuestas con civilidad, esgrimiendo cada cual sus argumentos.

Seguramente muchos de los que fueron testigos siguieron su camino en silencio armando en sus particulares imaginarios la continuidad de la discusión, cada cual según su visión. Entre ellos yo, constatando lo escuchado allí con otras vivencias en los Estados Unidos y en América Latina.

En el mundo contemporáneo escasean estas escenas. Los adversarios carecen de argumentos y atacan con gritos o desautorizan al adversario con etiquetas y consignas (lo vimos durante los eventos paralelos de la Cumbre de Panamá); o simplemente se mueven erráticamente cada quien tratando de salvar su punto de vista, arremetiendo contra todos y contra todo.

Lo vemos con frecuencia en eventos y convenciones internacionales. Lo percibimos en la cotidianidad, en el terreno político o en ambientes científicos y culturales. Nos alejamos de la cultura del debate, y con ello cedemos espacio ante la imposición, la fuerza y la trampa.

A estas alturas Usted estará pensando que me repito y le asiste su derecho, pero es que este tema me obsesiona. No hay camino a la paz social y el progreso, ni a las inmediaciones siquiera de la equidad y la justicia, hasta que todos entendamos eso. Ejemplos de procesos hay muchos, algunos tienen lugar en estos días frente a nuestra mirada indiferente. Pensemos en las negociaciones en torno a Irán y la construcción de plantas nucleares; en la normalización de relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, en la reunión del liderazgo del PLD el pasado fin de semana en torno a la dichosa reelección…

Claro que en todos estos procesos se mueven ríos subterráneos, movimientos que no captan las cámaras, decisiones que no se toman en la mesa de negociaciones. Pero tarde o temprano se sabe por dónde y cómo se mueven las cosas; aunque casi siempre venimos a enterarnos cuando se cantan los resultados. Sólo entonces sabemos cuáles gestos altruistas, abrazos y palmadas eran reales y cuáles apenas pura fachada.

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