Al lado del camino

Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados. (Alejo Carpentier)

La verdad de la vida

Un chequeo médico de rutina me colocó en estos días a merced de las dudas. Los procedimientos, los análisis, las consultas y el rostro ensimismado de doctores y demás especialistas desatan los demonios de la imaginación.

Uno toma conciencia de que entre abreviaturas raras y algoritmos desconocidos puede brotar un veredicto adverso. Vacila, teme, se pregunta: ¿Cuál será el resultado? ¿Cómo andará la marcha de este cuerpo añoso?  ¿Qué oportunidades me deja?  ¿Cuánto tiempo más de vivir sin miedos ni  limitaciones? Si nunca me ha fallado, si solo un dengue azaroso me puso alguna vez al borde de la partida ¿por qué ahora? ¿Será que es el momento? ¿Qué hice con mi vida? ¿Qué no hice?

En torno a mí la ciudad sigue su andar despreocupado; cada cual en lo suyo. En silencio y acaso temeroso de lo ignoto, mi mirada se aclara, los sentimientos se disparan, crece la sensibilidad. Me urge decir y demostrar a quienes quiero lo grande e intenso de tales sentimientos. Reviso posibles errores y me apresuro en enmendarlos. Repaso los pendientes, los pocos o ninguno; los proyectos a medias, los que estaban por venir.

Debo celebrar la vida, eso, celebrar que estamos vivos a pesar de los pesares.

Después, la pose filosófica en un callado análisis del ser y el no ser, de lo sido y lo que no, de lo hecho y lo evitado. Inconformidades, desilusiones, frustraciones… quieren salir a flote pero lo evito. Busco aplomo, gano serenidad. Me digo que el saldo ha sido positivo. He errado, pero no he sido una mala persona. Di lo mejor de mí casi todo el tiempo; alcancé ciertas cotas deseadas, ante otras me rendí o el desinterés las dio por imposibles.

Por unos días, a la espera del momento crucial del veredicto mi carácter se amarga, las fuerzas me abandonan, los ánimos sucumben. Una noche brindo por la vida. La siguiente, evito malgastar el tiempo en libaciones. Mi entorno se preocupa. Tal vez saben algo que no sé o se preocupan por un desenlace que creen posible, pero fingen sonrisas y halagos, tratan de animarme. Yo solo intento descifrar posibles señales donde no las hay. Eso hace el miedo.

Por fin llega el momento.

En su despacho, el doctor hurga en los documentos, radiografías, muestras. Coteja conclusiones, escribe en su laptop. No me mira. No sonríe. Su mirada es abúlica. Finjo serenidad pero resoplo a trechos. Trato de relajar el agarre sobre el apoya brazos de la silla. Cuento mentalmente y confundo los números.

Por fin, el doctor levanta la mirada de sus notas, se reclina:

--Nada

Es todo lo que dice y no sé de qué habla ¿No me queda nada de tiempo?

-- Siga adelante con su vida. Usted no tiene nada. Está limpio, sano, seguro.

Ahora su rostro me parece sereno, bonachón diría, casi alegre. Quiero darle la mano, abrazarlo, agradecer. Quiero decir a todos, avisar a mis hijos, festejar con los amigos. Seguir viviendo como hasta ahora. Sin miedo, sin temor a lo ignoto, como siempre. Eso es la vida; otra cosa sería un calvario.

Salgo de la clínica, contento, radiante. Debo a decir a mis afectos que los quiero, debo seguir haciendo lo que hago con más placer y alegría. Debo celebrar la vida, eso, celebrar que estamos vivos a pesar de los pesares. Es el veredicto del doctor que no hizo dramas ni aspavientos, que con su gesto me dijo todo el tiempo aunque no lo comprendiera antes, que se trata de vivir, de estar vivo, alegremente vivo. Lo demás, son las trampas que nos tienden para confundirnos, manipularnos, aplastarnos. ¡Sólo vive y sigue tus propios pasos! No hay otra forma. Todo lo demás es mentira.

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.