Al lado del camino

Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados. (Alejo Carpentier)

Por amor al arte

Cada semana enfrento el conflicto de decidir sobre qué escribir. Y no es que no haya temas; al contrario, hay tantos como las penas de la canción, que “se agolpan unas a otras y por eso, no me matan”.

Sucede que hay temas urgentes y temas necesarios, temas que me tocan muy directamente y otros que son ajenos. Temas que no me competen y otros que me duelen, de cerca o de lejos. Temas alegres y dramáticos. En la comunicación, tanto como en la literatura, el momento de discriminar entre una opción y otra es decisivo en la obra. Hoy voy a decantarme por una que trasciende los hechos concretos.

Este lunes se organizaba una marcha de protesta de los profesores, empleados y allegados de las Escuelas de Bellas Artes, por reclamos salariales, entre otros aspectos. No voy a abundar sobre esta lucha que en lo personal me parece justa y cuya solución no debe esperar. Este es un problema real y trasciende a los actores del presente conflicto. Hay un grave problema en la sociedad contemporánea; uno más, pero no uno cualquiera; que es el alejamiento acelerado del humanismo que la encumbró, a lo largo de su evolución histórico - social, a otros momentos más felices de su desarrollo en tanto que civilización.

La humanidad embrutece, pierde su peso, se abraza a la levedad; a lo vacuo, a lo primario

Hoy importa más un restaurante de comida rápida que un teatro; un mall que un museo, un empresario que un artista; la guerra que el arte; la eliminación de lo diferente que construir la convivencia y la tolerancia; la violencia que la paz y el amor. A mi modo de ver, nos embrutecemos; vamos perdidos en pos de los “valores” del hombre de las cavernas.

Hace un tiempo un amigo por el que profeso afecto y gratitud; me proponía le coordinara una serie de eventos para desarrollar una poderosa oferta cultural en una institución. Me entusiasmaron sus palabras, pero la decepción vino enseguida: !No hay presupuesto para pagar un peso a los artistas!

Mi amigo, como mucha gente, como las instituciones de poder; han dejado de interesarse en el arte y la cultura, los confunden con el más simple entretenimiento. El artista, el de las bellas artes, ha perdido su visibilidad, se le niega su valor. Mi amigo quería levantar un emporio del arte sin artistas, o al menos sin pagar un centimo por el trabajo de estos; una suerte de circo romano para “dar lustre” a su institución.

La humanidad embrutece, pierde su peso, se abraza a la levedad; a lo vacuo, a lo primario. Parecería que de tal forma la vida es más fácil, más placentera. Por eso abundan los talentos desperdiciados, los bailarines y teatristas que trabajan sin percibir salario por un año o que reciben migajas miserables (¿lo haría usted, lector o lectora, no importa cual sea su oficio o profesión? ¿y ustedes, señores funcionarios?).

Lo peor de todo es que en esa pelea desigual, la víctima sufre infinitamente, pero el verdadero perdedor es la sociedad, esa que aparentemente nos desdeña. El artista podrá llegar a morir de hambre si persiste en su obra sin recompensa. La sociedad, morirá de ignorancia, de violencia, de insensibilidad, de tedio.

Una película de anticipación de la que no recuerdo el titulo, supone la llegada de extraterrestres que vienen a destruir nuestro planeta ¿La razón? Los humanos no hemos sabido vivirlo. Nos hemos aniquilado unos a otros, hemos destruido el sistema ecológico que apenas alcanza para sostenernos. Hay que destruirlo todo y empezar de nuevo, de otra manera.

Tal vez en ese hipotético nuevo comienzo, si la especie es capaz de aprender de sus propias experiencias, tendrá un mayor espacio el arte. Ojalá.

 

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