Al lado del camino

Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados. (Alejo Carpentier)

La noche en que Calamaro visitó la República Dominicana

Lo que voy a contarles no ocurrió en toda su dimension real, pero sucedió esta noche como si lo fuera. Calamaro, el Salmón, el ídolo del rock en español de las últimas generaciones en Iberoamérica (por decir lo menos), cantó a viva voz en Santo Domingo. Su concierto Pura Sangre, el último que ofreciera en el 2014, resonó y fue visto a toda pantalla en el Bar de Casa de Teatro. Marquen la fecha: lunes, 2 de febrero de 2015.

Se trató de La Tertulia, un encuentro que con caprichosa irregularidad se hace más o menos los lunes en Casa de Teatro, la más prestigiosa institución cultural de la capital (que me critiquen por decir esta verdad), la misma que por más de 40 años ha puesto al país cultural en el mundo y ha traído el mundo al país (y que me disculpen otras instituciones que han hecho su esfuerzo con más o menos éxito).

República Dominicana lo tiene todo para ser un país del que todos se sientan orgullosos; sin necesidad de apelar a fórmulas ultra-nacionalistas que tanto dañan el tejido y el entendimiento de la auténtica nación.

Fue impresionante ver al Salmón en la pantalla del bar de Casa de Teatro de Freddy Ginebra, traído de las manos de Janio Lora; ese artista dominicano que, a pesar de toda su trayectoria -y esto es una osada opinión personal- apenas comienza a dar los frutos que en poco tiempo serán de un peso impactante en la cultura del país y más allá de las fronteras, “allende los mares” (puedo asegurarlo sin ser un gurú); y Camilo Venegas; ese hermano cubano, dominicano por adopción y calamariano por convicción. Son ellos dos salmones que veneran y propugnan el amor a un cantante irreverente, lúcido y sarcástico a un tiempo; músico de marca mayor que se ha ganado el rango de maestro del rock en un país que, en el espacio de Iberoamérica, tiene una voz muy alta; y aun trasciende nuestra geografía.

Añádase, la maravilla del reencuentro providencial con otro hermano, un  cubano que por cinco años ha ejercido su fé como pastor en una población de este país; siendo como es una de las voces más importantes de la literatura cubana de los 90 y que esta noche se reencontró con el arte y la literatura; y con nosotros, sus coetáneos, junto a varios amigos convocados por el genio de Calamaro. (Lo siento por los que no llegaron; no habrá segundas veces ni espacio para arrepentimientos).

La noche de hoy me demostró que en un país joven y pujante como este; todo se puede lograr con voluntad y talento, con educación y perseverancia. Y que cuando eso sucede; todos los astros se ponen en línea y sucede la maravilla. No importa cuán escépticos nos vuelvan las noticias, los hechos más deprimentes de nuestra cotidianidad política, económica y social. República Dominicana lo tiene todo para ser un país del que todos se sientan orgullosos; sin necesidad de apelar a fórmulas ultra-nacionalistas que tanto dañan el tejido y el entendimiento de la auténtica nación. Basta con concentrar esfuerzos honestos en hacer relucir las potencialidades y verdaderos valores del país. Lo demás es politiquería, fanatismo… el camino más corto hacia la zona más oscura de la Historia.

Esta noche, Calamaro ayudó a abrir puertas para algunas personas; gracias a él la amistad se ensanchó; la visión de un mundo más abierto e inclusivo; de un país posible, vibra a través de sus canciones. Esta noche, en Casa de Teatro, Andrés Calamaro, el Salmón, nos hizo más felices y más humanos.

 

 

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