Al lado del camino

Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados. (Alejo Carpentier)

Diciembre persiste y se hace fiesta de esperanzas

Mientras escribo escucho la noticia, o más bien a la inversa. Escribo porque escucho la noticia. Alan Gross, el ciudadano estadounidense detenido en Cuba por cinco años, regresó a su país. La parte cubana es cuidadosa en aclarar que su liberación ha sido por razones humanitarias y que el intercambio de prisioneros se enmarca en el canje de un espía cubanoamericano encarcelado en la isla por casi veinte años por los tres espías cubanos detenidos en Estados Unidos.

Raúl Castro y Barack Obama plantean la normalización de relaciones entre esos dos países en una serie de pasos que parten del establecimiento de Embajadas respectivas y otros que, aunque no levantan el embargo/bloqueo, prácticamente lo desmantelan por piezas.

Cubano al fin, saludo este paso (y he brindado largamente por ello), pero en mi ánimo pesa el escepticismo hacia la viabilidad y el alcance de esta posible normalización.

Creo que hay demasiadas capas de asuntos por resolver aún para que los cubanos recuperen la posibilidad de ejercitar a plenitud sus potencialidades.

Después de 55 años de confrontación permanentemente avivada de ambos lados, en los que la enemistad absurda ha sido el estatus quo conveniente para las políticas de la isla, el exilio conservador y la ceguera de los gobiernos de EE.UU… es difícil siquiera procesar la idea de que la normalidad acaba de desembarcar en el estrecho de la Florida.

Por supuesto que eso sería lo lógico, lo justo y lo conveniente para todos. Pero esta afirmación corresponde a la racionalidad más elemental de cualquiera que pueda pensar sin prejuicios. Está por verse si prevalecerán estos valores, o si serán los intereses mezquinos y tejemanejes de lo más conservador del exilio cubano encostrado en las vísceras del sistema político estadounidense los que prevalezcan. Pero sobre todo y para muchos, lo más importante sería ver de qué forma esta era que parece nacer, beneficia directamente al cubano de a pie en sus derechos civiles y económicos especialmente. Las redes sociales están estremecidas con todo tipo de opiniones al respecto.

Personalmente tiendo a ser optimista, más allá de las reservas mencionadas; y me gustaría hacer una exhortación a que se acompañe al pueblo cubano, a todo este, el de la isla y el de la diáspora, en el trabajo difícil y delicado de aprovechar esta brecha que se abre y constituirse en gestor del futuro que le ha aguardado pacientemente por más de medio siglo.

Veinticuatro horas después de los anuncios presidenciales, ya la prensa recoge temores y sobresaltos de algunas voces, mi admirada Inés Aizpún entre ellas, que sopesan la incógnita de si Cuba será -volverá a ser- una competencia temible, o no. Creo que hay demasiadas capas de asuntos por resolver aún para que los cubanos recuperen la posibilidad de ejercitar a plenitud sus potencialidades. Ahora es cuando de verdad se necesita la comprensión y el apoyo de todas las fuerzas bien intencionada de la región para que este proceso se desarrolle como debe ser, para beneficio de la gente.

Después se verá si los cubanos pueden remontar este medio siglo de vivir en otra galaxia; y si demuestran estar en condiciones pues ¡que viva la competencia y que triunfe el mejor! ,¿o acaso no es eso lo que proclama la sociedad del libre mercado a la que siempre se quiso traer de vuelta a la mayor de las Antillas?

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