Al lado del camino

Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados. (Alejo Carpentier)

Diciembre, mes bipolar

Diciembre es el mes de las festividades; del balance de lo acontecido en el año; de anticipar lo que podría ser el que se aproxima; de celebraciones de todo tipo. Cuando se termina noviembre la psiquis, las glándulas y hasta las hormonas se abren, se alborotan, como si el cuerpo mismo, ayudado por los ciclos del clima, se preparara para un mes especial. Así lo veo yo desde mi orilla.

Eso que he dicho lo saben los mercadólogos y las religiones, los empresarios y los que se ocupan de entretener. Diciembre es para todos ellos el mes de “hacer su agosto”. Se disparan las ventas y los rituales; las rumbantelas y el consumo. Cualquier motivo, creencia o construcción simbólica es buena para sacar sus beneficios. El pueblo en su jolgorio, consumismo y religiosidad, no se detendrá a pensar en la inevitable calamidad que le aguarda en enero, cuando “vamos bajando la cuesta, que arriba en mi calle se acabó la fiesta”.

Diciembre, mes bipolar; es también eso: un momento de reflexión sobre el posible derrotero de nuestras vidas.

Se acaba 2014 y parece que la economía, los procesos sociales y políticos se han descarriado en este planeta tan maltratado. La alegría de diciembre se enloda con las tristezas que nos traen las noticias. Conflictos raciales en Estados Unidos, amenazas de guerra en Ucrania y guerras amenazantes en el Medio Oriente; ruina de Venezuela y estancamiento en Cuba, debates reales y circos políticos en todas partes, denuncias constantes de corrupción e impunidad en el país; muertes absurdas por accidentes de tránsito, riñas callejeras y violencia doméstica; enfermedades mortales de dudoso origen mal atendidas por sistemas de salud quebrados o inexistentes… Este rosario de penurias y más nos trae la prensa a diario.

A los ciudadanos comunes nos queda la disyuntiva de sucumbir ante esta carga nefasta que nos echan encima para mantenernos inertes, atemorizados, atontados, o apelar al instinto de sobrevivir aparcando los problemas por unos días y con un chin de cinismo sazonando nuestras acciones, olvidar por un rato y disponernos a celebrar lo que sea que podamos o queramos celebrar.

Hace demasiado tiempo que no he podido visitar a mis hijos. Ellos apenas pueden zafarse del yugo laboral en el país que habitan para venir a verme. Me toca a mí dar el paso, concentrar recursos y tomar el vuelo que me lleve a sus abrazos. Eso haré y (de ñapa) por unos días podré alejarme de la avalancha informativa que trata de envenenar mi espíritu cada día del año.

Y… ¿qué harás tú? ¿Podrás darte un receso en el fragor cotidiano y encontrar paz entre los tuyos? ¿O acaso eres de los eternos desposeídos que en estos días salen a la calle a buscársela como puedan; a arrebatarle por la fuerza al ciudadano desprevenido aquello que la sociedad les ha negado? ¿O tal vez estés entre quienes, desde sus posiciones de poder, urden manipulaciones para perpetrar políticas fraudulentas, desfalcos del tesoro público, operaciones ilícitas aprovechando que los demás no atienden?

Diciembre, mes bipolar; es también eso: un momento de reflexión sobre el posible derrotero de nuestras vidas. Hay que mirar hacia el frente y pensar si queremos dejarnos arrastrar por las corrientes revueltas del curso de la vida; o si decidimos hacer algo para cambiar en pos de nuestro bienestar personal, familiar y colectivo; o si, en lo que parece el camino más fácil y resulta ser el menos honorable y más venturoso, nos mezclamos con aquellos que con represas y desvíos no buscan más que su propio beneficio aunque el río de la vida se seque víctima de tales artimañas, y acabe por destruirlo todo. Entonces ¿qué harás tú en diciembre?

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