Arriba y al fondo

Pienso más rápido de lo que hablo, así que mejor escribo. Este blog es una escalera a mi cabeza (en el pasillo del medio dobla a la derecha en la primera puerta).

Sex on the Beach

El viernes pasado fui a ver “Dólares de arena”, película dominicana dirigida por Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas. La película muestra una realidad que parece nos gusta ignorar: la pobreza que promueve la prostitución como único recurso para sobrevivir en los pueblos escondidos detrás de tanto mar y sol y arena. Con planos muy cercanos, el filme nos muestra la historia de Noelí, una muchacha joven que “sankypankea” para salir de la miseria, y Anne, una señora francesa entrada en edad que le paga a Noelí para escapar la soledad. La película te deja con un dolor en el pecho, ese que te da cuando la tristeza ajena se vuelve tuya. “Dólares de arena” es de esas películas que se quedan contigo, pero, aunque habría mucho que decir de ella, este artículo no es una reseña.

El término “turismo sexual” fue acuñado por algunas ONG en 1980 para describir este fenómeno en el sudeste asiático. Esta actividad consiste en viajar a otro país para conseguir sexo. Este tipo de viajes atrae en su mayoría a hombres de países ricos en búsqueda de la “facilidad” de las mujeres en países pobres. En naciones donde históricamente esto ha sido un gran problema, como Tailandia, Kenia y Camboya, el cuento es el mismo: el país, ahogado en pobreza, no le da oportunidades a la mayoría de la población, especialmente a las mujeres y los niños. Como han tenido que trabajar desde muy temprano, este grupo no ha podido completar su educación, lo cual los vuelve aún más vulnerables a la prostitución y al tráfico de personas. También, al ser países con un alto flujo de turistas, las personas migran a los puntos focales del turismo para ver si se cuelan algunos dólares a su bolsillo. Exactamente eso pasa en la República Dominicana.

La imagen hipersexualizada de la mujer caribeña presenta una propuesta de ventas bastante única: fácil, morena, de mente abierta y con cuerpo voluptuoso. Buscar en Google “mujer dominicana” (especialmente si se hace en otro idioma) es ser bombardeado con imágenes de mujeres en bikinis luchando por no asfixiarse entre tanta carne, todas sonriendo, todas estratégicamente mojadas. A pesar de que no existe ningún estudio o estadística confiable que ayude a ilustrar la situación actual del turismo sexual en la media isla, sólo hay que ir a la playa para ver hombres y mujeres mayores agarrados de manos con una joven o un joven dominicano, gritando contrastes con cada paso.

Otra película que aborda este tema es “Paraíso: Amor” del director austríaco Ulrich Seidl. En esta, una mujer de unos 50 años viaja a Kenia para buscarse un joven de esos que rondan en las playas, un sanky panky. La interacción del extranjero pudiente con el local necesitado es casi la misma que la que se presenta en “Dólares de arena”: aparte de obviamente tener que pagar por el cuerpo del local, el extranjero sirve como medio de manuntención de toda su familia. Suceden accidentes, enfermedades, hambre. Lo que sea que obligue al benefactor temporal a desprenderse de su dinero como si con esto formara una relación con el beneficiado. Más allá de ver al extranjero como un “pendejo”, deberíamos analizar las causas de estas conductas en los jóvenes de las zonas turísticas. La pobreza y la falta de educación son dos yunques en los hombros de nuestra población. De la dignidad no se come.

A pesar de que la prostitución no es ilegal en el país, no es una actividad que esté regulada, por lo que bien puede alguien conseguirse una prostituta de 13 años que parezca de 18. Aproximadamente 30 mil niños y adolescentes están envueltos en la industria sexual dominicana. La mayoría de estos niños vienen de familias pobres y disfuncionales, donde son obligados a trabajar para mantenerse. Con la tasa altísima de embarazos adolescentes en el país, es muy probable que tengan que mantener a sus hijos también. Muchos de estos niños y jóvenes aspiran a conocer un extranjero que se los quiera llevar del país para encontrar una vida mejor, esperanza que los impulsa a vivir al margen de la industria hotelera. Por lo menos en las cadenas grandes de hoteles existen regulaciones que impiden que los huéspedes suban a sus habitaciones con menores de edad y la policía turística hace que sea difícil que los turistas anden con niños extraños. Sin embargo, en el mágico mundo del internet aparecen tips para todo: según algunos expertos del turismo sexual, lo más recomendable para esta práctica es buscar hoteles pequeños, preferiblemente manejados por extranjeros que no joden mucho y saben “que lo que.”

En un blog donde hombres y mujeres relatan sus experiencias en hoteles “para adultos” en la República Dominicana (http://adultvacationdr.com), aparte de encontrar personas hablando de mujeres como si fueran cosas, se hayan los nombres de algunos de los hoteles y turoperadores que ofrecen este tipo de servicios:

Taboo Villas Resort (http://www.taboovillas.com/home.htm)

Paradise Ladies ForYou (la página está completamente fuera de servicio)

My Wild Vacation DR (http://gallery.mywildvacationdr.com/index.php)

Field of DreamsAdult Resort (http://www.fieldofdreamsadultresort.com/)

DR Nights (la página oficial está defectuosa pero la de Facebook sigue funcionando https://www.facebook.com/pages/Dr-Nights-Exotic-Resort/122551924443171)

FantasyStars Club (http://fantasystarsclub.com/)

BlackBeardsAdult Resort (tienen dos páginas, una en donde no hablan de sus “servicios” http://www.blackbeardsadultresort.com/ y otra en donde sí http://www.adultsexvacation.com/)

DominicanRepublic Sex Holidays (http://www.dominicanrepublicsexholidays.com/)

Tropical AdultVacations (http://www.tropicaladultvacations.com/ y http://adultvacationgetaway.com, ninguna de las páginas funciona si estás en República Dominicana así que tuve que usar un IP de Estados Unidos para poder entrar)

Blue Paradise D.R. (http://www.blueparadise-dr.com/)

La mayoría de estos hoteles, según los comentarios en el blog, funcionan sólo con efectivo y no requieren que los huéspedes paguen propinas porque el cargo por el servicio de las “anfitrionas” está incluido en los “paquetes todo incluido”. Las páginas cuentan con catálogos de las mujeres (y algunos hombres) que tienen a su disposición y en algunos de los hoteles se puede “pedir por adelantado” la chica que se quiere. Estos hoteles se encuentran en las zonas de Puerto Plata, Cabarete, Bávaro y Boca Chica.

Según el artículo 334 del Código Penal Dominicano, el proxenetismo es penado por la ley. Las cláusulas 1, 2, 5 y 6 de este artículo definen al proxeneta como alguien “que de cualquier manera ayude, asista, o encubra personas, hombres o mujeres con miras a la prostitución o al reclutamiento de personas con miras a la explotación sexual”, “que del ejercicio de esa práctica reciba beneficios de la prostitución”, “que contrata, entrena o mantiene, aún con su consentimiento, una persona, hombre o mujer, aún mayor de edad con miras a la prostitución, la entrega a la prostitución, o al desenfreno y relajación de las costumbres” y “que hace oficio de intermediario, a cualquier título, entre las personas (hombres o mujeres) que se dedican a la prostitución o al relajamiento de las costumbres o los individuos que explotan o remuneran la prostitución y el relajamiento de las costumbres de otro”. Entonces, si los dueños y administradores de estos hoteles claramente sirven como proxenetas, ¿cómo es posible que sigan operando?

Está claro que el sexo siempre va a tener una demanda, no es casualidad que la prostitución sea una profesión tan antigua. Pero la demanda de prostitutas en el país hay que controlarla, porque llegará un punto en que no habrá suficientes “morenas” y se abrirá paso a un aumento exponencial en el tráfico de personas. Casos como los de Noelí no son aislados y son culpa de una sociedad injusta y desigual, donde el pobre tiene que dejar a un lado su humanidad para poder sobrevivir.

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