Arriba y al fondo

Pienso más rápido de lo que hablo, así que mejor escribo. Este blog es una escalera a mi cabeza (en el pasillo del medio dobla a la derecha en la primera puerta).

El patriotismo dominicano es un chiste malo (parte 2)

Hoy mejor no hablo de corrupción e impunidad porque sólo con saber que a un señor le dieron tres meses de cárcel por robarse ocho chinolas y a Félix Bautista, que sólo por evasión de impuestos le tocaría una condena larga, no le han dado nada es más que suficiente. Aquí no somos patriotas porque no defendemos lo único que nos va a quedar mucho después de que Leonel y su séquito sólo sean otro capítulo asqueroso en nuestra historia: la isla bonita de la que tantos están “orgullosos”.

Es muy irónico como todos nos sentimos orgullos de haber nacido (por pura casualidad) en una isla con una riqueza natural inmensa si la mayoría no la sabemos cuidar. Desde lo simple, como no tirar basura en la calle y en la playa, hasta lo complejo, como no dejar que minen Loma Miranda. Si no sabemos cuidar lo que todos entendemos como bello, menos vamos a preocuparnos por lo que creemos que afea la ciudad. Gandhi dijo una vez que "la grandeza y el progreso moral de una nación se mide por cómo trata esta a los animales". Con el caso del envenenamiento de los perros callejeros en el Mirador Sur podemos ver lo mal que estamos como sociedad. Y ni hablar de las peleas de gallos, una práctica abusiva que no entiendo cómo todavía tiene hasta un canal de televisión.

Aquí no somos patriotas porque no defendemos lo único que nos va a quedar mucho después de que Leonel y su séquito sólo sean otro capítulo asqueroso en nuestra historia.

Como decía en la primera parte de esta entrega, mucho del dinero que el gobierno percibe, a pesar de ayudar a decorar la economía con estadísticas positivas, no se traduce en bienestar para la población. Según los datos proporcionados por Falcondo, esta compañía tiene derecho minero sobre Loma Miranda desde 1956, lo que significa que el gobierno necesitaría pagar miles de millones para comprarle la loma a sus “legítimos dueños” (como dicen algunos de sus videos bajo el eslogan de “No te dejes engañar”). Aunque como el presidente Danilo Medina observó hace unos meses la ley que volvería a Loma Miranda un parque nacional este escenario seguro no sería necesario.

Según los informes de impacto ambiental realizados por dicha compañía, la flora y la fauna de Loma Miranda no es representativa de la biodiversidad de la región ni de la isla. Esto difiere grandemente de los datos suministrados en el boletín de la Academia de Ciencias de República Dominicana titulado: “Loma Miranda: Huella ecológica y social de la minería” (2012). En este documento se expone que ese territorio le sirve de casa, hasta la fecha, a 444 especies de plantas con 316 géneros diferentes (82% de las cuales son autóctonas, 10% endémicas y 72% nativas). Número que indica que en menos de 0.01% del territorio nacional se pueden encontrar la mitad de las especies que hay en toda la isla. En cuanto a la fauna, en Loma Miranda residen 33 especies de aves, 12 de anfibios y 20 de reptiles. A esto se le agrega la hidrología oculta, lograda por el fenómeno denominado “precipitación horizontal”, proceso que sucede cuando las nubes chocan con los árboles y estos atrapan las gotas de agua en dichas nubes, que luego se condensan y se escurren por la corteza de los troncos y tallos. Esta humedad que se escurre llega al suelo y se infiltra en él, llenando sus poros y lagunas subterráneas. Estas últimas, al rebosarse, crean miles de pequeños manantiales, los cuales se convierten en cañadas, riachuelos y arroyos. El boletín muestra repetidas veces por qué proteger esta área de nuestro país sería una muestra no sólo de verdadero amor a la patria, si no amor a las generaciones que todavía no han nacido. Evidentemente preguntarle a una minera que si el área que quiere minar está apta para dicho proceso es como yo preguntarle a la salonera si necesito cortarme el pelo. Con US$5700 millones de por medio en ingresos para el Estado no es tan difícil entender por qué la ambivalencia del presidente Medina. Con tanto dinero seguro a todos se nos olvida que alguna vez hubo problemas con Loma Miranda, como se nos olvida todo.

Evidentemente preguntarle a una minera que si el área que quiere minar está apta para dicho proceso es como yo preguntarle a la salonera si necesito cortarme el pelo.

Ahora veamos el pináculo del orgullo dominicano: las playas. La República Dominicana, mejor conocida como Punta Cana, tiene un modelo turístico que en vez de impulsar el desarrollo de la población lo que hace es concentrar las riquezas en una pequeña elite, haciendo que los pobres se vuelvan más pobres. Esto, sumado a los daños que causan las cadenas hoteleras a los ecosistemas costeros, es señal de que algo anda mal con como se están haciendo las cosas. Como la ley ambiental (Ley 64-00) se promulgó en el 2000, la mayor parte del periodo de despegue del turismo en la República Dominicana, entre 1980 y 2008, tuvo lugar con muy poca consciencia ambiental. Sin embargo, como en este país todo se hace a lo loco y por dinero, no sorprende que aún después de promulgada la ley en el Este se siguieran destruyendo los manglares, las lagunas costeras y los sistemas de dunas. O que Cabarete se esté reduciendo irreversiblemente por la deforestación y la extracción de material del río Yásica. O que en el mismo Cabarete, en el área protegida de La Boca, valga más el dinero de un extranjero que la flora dominicana cuando se desmotaron 40 hectáreas de manglares (se le impuso una multa al culpable pero esto realmente no resuelve el problema). Este modelo depredador no es sostenible porque mientras más vulnerable se vea la zona en donde están los hoteles y complejos turísticos, por lógica más vulnerables se van a ver estos últimos.

El pueblo es la patria y con este pueblo que tenemos no hay de dónde sacar para ser patriotas

En un mundo hotelero donde existe un control monopólico por parte de las grandes empresas internacionales es prácticamente imposible que se creen ofertas turísticas que se salgan del estereotipo de playa, sol y arena, ofertas turísticas que vengan de pequeñas y medianas empresas, u oportunidades reales de crecimiento para las comunidades de la zona. Por lo menos para mí es triste salir del país y que lo único que conozcan de él sea Punta Cana, porque República Dominicana es más que playas. Pero con un modelo turístico excluyente, a espaldas de nuestra realidad cultural, es mucho pedir que sepan algo más que eso. A toda la antes mencionada irresponsabilidad medioambiental se suma la irresponsabilidad social. Con el “todo incluido” se aleja al turista de las comunidades que rodean los hoteles, limitando la capacidad de empuje del turismo frente al resto del aparato productivo. A pesar de ser una gran industria en el país, no ha generado un aumento significado en el nivel de empleo. Esta exclusión lleva a provincias protagonistas en el sector turismo a tener un muy bajo Índice de Desarrollo Humano. La exclusión social de las comunidades aledañas a los grandes hoteles incrementa la delincuencia porque incrementa la pobreza y el descontento de la zona, lo cual tiene como consecuencia que los hoteles se alejen más de las comunidades.

Lo triste del caso es que esto es sólo una pincelada de la ironía que es estar dizque orgulloso de haber nacido en una isla en el mismo trayecto del sol. Una isla con una sociedad elitista, que aunque se crea nacionalista por defender su soberanía frente a la situación haitiana, no lo hace cuando el que quiere quitarla es de un país más agradable a nuestra vista. En una isla, repito, una isla en la se importan US$110 millones en peces y mariscos nada puede tener mucho sentido. Pero todo tranquilo, porque lo malo es culpa de los políticos, el pueblo no tiene la culpa. Eso sí, no se olviden que los políticos alguna vez fueron parte del pueblo. El pueblo es la patria y con este pueblo que tenemos no hay de dónde sacar para ser patriotas.

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