Arriba y al fondo

Pienso más rápido de lo que hablo, así que mejor escribo. Este blog es una escalera a mi cabeza (en el pasillo del medio dobla a la derecha en la primera puerta).

Qué problema

Hoy no sé de qué escribir. No porque no hayan cosas de las que quejarse, si no precisamente por eso. Porque no quiero seguir quejándome. Aunque en estos días no creo que sea algo muy posible. Duele decir que todo está mal pero sólo duele porque es cierto. Por ejemplo, por más show que se quiera hacer, a Félix Bautista no lo van a hacer pagar por sus actos de corrupción. A Leonel tampoco. A nadie. Porque en este país todo se compra. Hace rato que dejamos de ser una nación para convertirnos en una tienda por departamentos. Una tienda que desafía todas las leyes de la lógica y el sentido común.

Para saber que las cosas están mal ni hay que leer el periódico. Sólo hay que pasar por la Bolívar con Alma Mater y ver como la gente se para a que los conchos los recojan justo al lado de un letrero que claramente dice “no pasajeros”. O pasar por la UASD cuando hay graduación, como ayer, y ver los carros metiéndose en vía contraria, subidos en las aceras, tapando entradas a casas. Eso último me pareció sumamente gracioso ya que el ilustre Sr. Bautista explicó muy gentilmente en su entrevista con Roberto Cavada que una torre de parqueos se construye para hacer que quepan más parqueos en un espacio no tan grande. O sea que se supone que la torre multimillonaria de la UASD tendría que haber evitado que yo no pudiera salir de donde estaba para ir a clases porque un parqueador le dijo a un conductor que era correcto parquearse en la entrada de una casa. Por ahí oí que estaba cerrada la torre, pero como no sé más de ahí mejor no digo nada. Y yo sé que hay cosas peores.

Si leemos el periódico e ignoramos a las celebridades, digo, a los políticos también nos damos cuenta de que estamos de mal en peor. Por ejemplo, una de cada cinco mujeres (¿niñas?) dominicanas de entre 15 a 19 años ha estado embarazada o ha tenido hijos. Esto realmente no me sorprende porque en las escuelas no hay una educación sexual de calidad. Es difícil que la haya cuando lo que se enseña está muy atado a los intereses de la Iglesia (como muchas otras cosas, pero ni modo). Por alguna razón se cree que enseñarnos a nosotros, los jóvenes, sobre sexo va a hacer que queramos tener sexo. Porque obviamente eso es un concepto desconocido cuando estamos en la etapa donde más nos controlan las hormonas. Enseñar como usar un condón o la píldora anticonceptiva en vez de querer imponer la abstinencia a la fuerza no creo que sea tan difícil. Pero en un país donde la mayoría de la música que se escucha tiene alto contenido sexual, el sexo sigue siendo tabú. No sé cómo funciona eso. Lo que sí sé es que la mayoría de las muchachas que tienen hijos a temprana edad son de escasos recursos, lo que hace que la baja probabilidad que ya tenían de terminar sus estudios disminuya, que en consecuencia hace que la ventana para salir de la pobreza se cierre. Entonces, como estos niños nacen en casas pobres, es muy posible que el ciclo se repita. Dejándonos con una juventud envuelta en la pobreza y la necesidad, así que cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. Y yo sé que hay cosas peores.

Dicen por ahí que quien no ama a su patria no ama a su madre. Es cierto, supongo, porque por más que este metido en un cráter de miseria y mediocridad, el lugar donde naces te hace quién eres. Tu patria es tu familia y a familia no se le abandona. Pero igual que una madre que te golpea, a veces es difícil quererte, Quisqueya.

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