Arriba y al fondo

Pienso más rápido de lo que hablo, así que mejor escribo. Este blog es una escalera a mi cabeza (en el pasillo del medio dobla a la derecha en la primera puerta).

"Indiecito"

En un país dónde no hemos tenido indígenas desde la época de Colón, que haya un color de piel llamado “indio” es señal de que por algún lado hay algo raro. Cuando fui a sacar mi licencia hace más de un año me dio mucha risa revisarla y ver que en la casilla de color de piel decía “indio”. Primero, yo soy muy pálida para caber dentro de “indiecita.” Segundo, ¿también están en el sistema: “morenito”, “moreno claro”, “moreno oscuro”, “prieto”, “trigueño” y “jaba’o”? Por miedo a que me acusen de estar diciendo malas palabras mejor no pregunto si también está “negro”.

La raza en República Dominicana es un tema delicado. Más de la mitad de población es mulata, es decir, una mezcla de blancos y negros pero todavía queremos seguir escondiéndonos al negro detrás de la oreja. El problema con el racismo del dominicano es que no es tan agresivo como, digamos, el que hay en Estados Unidos. Digo que esto es un problema porque es tan sutil, en comparación, que a veces lo confundimos con idiosincrasia.

La obsesión de la mujer dominicana con los salones, más que una muestra de vanidad, es un problema social. ¿Cuánto rizo no habrá muerto, semana tras semana, bajo el yugo opresor del “blower”, el “tubi”,  los “rolos” y la secadora? Llamar “pelo malo” al pelo crespo y “pelo bueno” al lacio es un insulto a nuestras raíces. El lío de los afros con las cédulas es muestra de que aunque en la nueva versión de este documento no haya espacio para poner “color”, todavía estamos dejando de querer marcar la casilla con la n. Este menosprecio de algo tan simple como el cabello lo venimos arrastrando desde el colegio, cuando a las niñas casi las obligan a arreglarse su “pajón” si andan con el pelo rizo, crespo o todo lo que va en el medio. Se supone, digamos, que esto es una medida para homogenizar, visto que se puede argumentar que el pelo es parte del uniforme. Pero no hay que decir tantos disparates para justificar que, como no podemos pintarnos de blanco, por lo menos debemos andar “desrizados”.

Nuestros mayores nos venden la idea desde pequeños que agarrarle la mano a un negro ensucia, así que no nos puede ni pasar por la cabeza “meternos en amores” con alguien que no sea de “indiecito pa’rriba.” El afán de no dejar entrar gente que no sea blanca a las discotecas y los restaurantes es casi la misma cosa. La negritud está asociada con la pobreza, que a su vez está asociada con los haitianos, y todos sabemos que de este lado de la isla parecer haitiano es un “fukú.” Cuando vemos que la misma gente de piel oscura es la que dice que para poder tener una “mejor raza” hay que estar con “una rubia” es porque el racismo del dominicano está tan metido en las entrañas del pueblo que sacarlo no va a ser algo fácil.

El problema más grande con el racismo en República Dominicana es que hemos querido basar nuestra identidad en la negación de nuestros ancestros africanos en vez de aceptar, de una vez por todas, que el dominicano no es ni blanco ni negro ni indio. Somos una mezcla de todas las razas que han visitado la media isla. En algún momento vamos a tener que dejar de basar nuestro nacionalismo en el odio hacia nuestro vecino que, según nosotros, no tuvo suerte en la tómbola de la genética. Mientras tanto sólo me queda preguntarme: si yo a cada rato tengo que oír que no parezco dominicana porque soy “blanca”, ¿cuál es nuestro afán de querer quitarnos el negro con jabón de cuaba? De la hipocresía no se vive, señores.

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.