Arriba y al fondo

Pienso más rápido de lo que hablo, así que mejor escribo. Este blog es una escalera a mi cabeza (en el pasillo del medio dobla a la derecha en la primera puerta).

¿Una fábrica de qué?

En los 20 años que tengo viva sólo han gobernado cuatro personas. Realmente nunca le he hecho mucho caso a la política porque desde pequeña me ha dado pique que me digan mentiras, pero cuando me di cuenta de esa cifra, me dio miedo. Me dio miedo porque es desmoralizante haber crecido viendo la cara de la misma gente, en las mismas vallas, en las mismas calles.  Y ver cómo en esas mismas calles siempre había quien tocara el vidrio del carro. Niños como yo, jóvenes como yo, casi adultos como yo. Lo triste es que estas caras nunca eran las mismas. Pero sus historias son para otro día.

En un país donde hay más de 10 millones de personas, donde más del 57% de la población tiene menos de 55 años, ¿cómo es posible que lo único que cambie en la propaganda sea la cantidad de canas de los candidatos de los años pasados? Por más Photoshop que quieran usar para aparentar que son “caras frescas”, el truquito se les está haciendo repetitivo. Me podrían decir (con toda la razón del mundo) que la experiencia no se improvisa, ¿pero cómo van los demás a ganar experiencia si la misma gente de siempre sigue jugando a la sillita caliente en el Palacio? Lo que me lleva a dar este pequeño dato curioso: en esas dos décadas, tres de los seis gobiernos que he vivido han sido liderados por Leonel Fernández. El mismo Leonel que, como todo un “león”, pretende llegar a la presidencia por cuarta vez en el 2016. Me sabe mal la boca cuando pienso que es (muy) posible que el pueblo lo vuelva a elegir. Lo que hacen algunas palabras bonitas en la cabeza de quien no las entiende.

Ahora bien, no es como que estoy pretendiendo que se haga un cambio así por así. No estoy pidiendo que gane Karim ni nada por el estilo. Pero de que hay que cambiar, hay que cambiar. Por más “bien” que haya ejercido alguien un cargo, la mente se desgasta. Y, como es el caso lamentable de la política, va perdiendo “chin a chin” la moral. El Sr. Fernández dijo hace unos días que el PLD era una “fábrica de presidentes.” No sé si estaré tomando lo que dijo muy literalmente, pero las cosas que salen de una fábrica, por más que tengan números de serie distintos, terminan siendo lo mismo. Y lo mismo. Y lo mismo. Lo mismo porque mientras nuestros políticos sigan pensando que llegar a ser presidente es sólo algo más que anotar en el currículo, sólo algo más por lo cual recibir un sueldo, sólo algo más que sea todo menos velar por el bienestar del pueblo que los eligió seguiremos quejándonos de lo mismo. Y de los mismos.

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