Vivir la trama

En esta columna el lector encontrará experiencias de la autora y reflexiones en torno a temas que abarcan las relaciones personales, ser mujer joven dominicana, el cine y cómo Vivir de manera que la Trama del día a día sea tan emocionante como una película.

Vocación

La palabra vocación se hizo repetitiva en los últimos años del bachillerato, cuando todos los allegados preguntaban qué iba a estudiar en la universidad. De acuerdo con la Real Academia Española, la vocación es la inclinación a cualquier estado, profesión o carrera, yo le añadiría el factor de hacer un oficio con tanto amor y pasión que no sientas que estás “trabajando”.

Recuerdo haber esperado con ansias los resultados del test vocacional, con la idea de que iluminaría mágicamente mi vida para tomar una decisión tan crucial, pero ese test lo único que hizo fue confundirme más, porque arrojó muchísimas posibilidades: directora de orquesta,violinista, escritora, hotelería y turismo y administración de empresas, entre otras.

La música había estado presente en mi vida desde que nací. Mi padre y su guitarra hacían de mi hogar un lugar alegre donde desarrollar poco a poco el oído musical. Ese factor sumado a las clases de canto desde los seis años, el violín desde los doce y la Orquesta Sinfónica Juvenil desde los catorce, dejaban el panorama bastante claro, o al menos eso creía yo, hasta que se asomaron las inseguridades de una sociedad como la nuestra, donde la música clásica parece ser algo de otro mundo y nadie confía que se pueda vivir de eso.

En tercero de bachillerato lo tenía claro: estudiaría violín fuera del país, conseguiría una beca y tocaría con las orquestas más importantes del mundo. Una persona me hizo creer en esos sueños: Caonex Peguero, mi último maestro del instrumento. Él había logrado esto y todos sus pupilos también, lo que me daba la esperanza de hacerlo. Recuerdo que organizamos una reunión con mis padres para plantear la posibilidad de hacer el último año del colegio de forma irregular (sólo tomando clases los sábados) para dedicarme en cuerpo y alma a la práctica del violín con miras a alcanzar el nivel necesario para lograr ese anhelado sueño. A mis padres no les agradó mucho la idea de que su hija no terminara el bachillerato en el colegio que le había acogido desde los tres años de edad. Ese fue uno de los puntos de giro de mi historia de vida.

En cuarto de bachillerato me inundaba la incertidumbre. Empezaron las visitas a las universidades y me entusiasmé con la carrera de Administración Hotelera, era algo más común, tendría trabajo seguro y lo haría bajo una condición: no entraría a la universidad inmediatamente, me tomaría unos meses sólo con el violín para determinar realmente cuál era mi vocación. No se me ocurre una decisión más sabia para ese momento, y la recomiendo muchísimo. ¿Por qué la prisa para algo que haremos el resto de nuestras vidas?

De nuevo la figura de mi maestro y mentor estaba presente: se había percatado de lo mucho que disfrutaba llevar las relaciones públicas de la Orquesta Sinfónica Juvenil, anunciando los conciertos y dando a conocer este movimiento en los medios de comunicación. A Caonex Peguero le agradeceré de por vida el abrirme los ojos ante una carrera como la Comunicación Social, la cual no había considerado nunca. La percepción que se tenía a finales de 2007 no era otra que la carrera de las megadivas, tuve que investigar sobre su pénsum y darme cuenta que efectivamente tenía todas las cosas que me gustaban y que era como yo: polifacética.

Todo ocurre por una razón. Contra viento y marea me inscribí, y allí, en las aulas de la PUCMM, vi evolucionar y crecer una carrera de la que estoy sumamente orgullosa, a la que agradezco una formación completa y con muchas aristas. Creo que fui feliz en mi años de grado, viví al máximo esta experiencia e hice todo lo que estuvo en mis manos para desarrollarme como profesional.

Justo en mi primer año de carrera empezaba un evento que coincidencialmente se lleva a cabo esta semana en Santo Domingo: la Semana Más Corta, un festival de cortometrajes, al que tengo que atribuirle la responsabilidad de mi inclinación por el cine. No fue hasta ver que estudiantes como yo tenían la oportunidad de crear pequeñas historias audiovisuales que se me ocurrió que yo también podía aportar mi granito de arena a través del arte más completo que existe.

Año tras año la Semana Más Corta sirvió también para medir mi evolución en la carrera, en 2009 empecé colaborando artísticamente en la alfombra roja con mi violín, en 2010 presenté un cortometraje y me tocó ser jefa de redacción del Diario Más Corto, en 2011 proyecté dos cortometrajes, fui productora general y además era la presidenta de los estudiantes, en 2012 concursé con mi cortometraje de tesis de grado y en 2013 estaba como invitada conferencista. Este año sigo presente aún en la distancia con mi último trabajo audiovisual que participa como corto invitado este jueves. Quién sabe, quizás en 2015 esté como profesora de la carrera, también estoy segura que para la enseñanza he sentido la vocación.

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Sobre el autor

Violeta Lockhart es violinista y licenciada en Comunicación Social Summa Cum Laude, egresada de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Ha escrito y dirigido varios cortometrajes con mirada de género, premiados en el país. Actualmente reside en Sevilla, donde cursa un Máster en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual.