Vivir la trama

En esta columna el lector encontrará experiencias de la autora y reflexiones en torno a temas que abarcan las relaciones personales, ser mujer joven dominicana, el cine y cómo Vivir de manera que la Trama del día a día sea tan emocionante como una película.

Oporto: amor a primera experiencia

Hay ciudades que enamoran. A veces tiene que ver con la gente que habita allí, otras con el arte que se respira en cada esquina, con la gastronomía o con los paisajes, que tenga mar o no también puede influir. Lo cierto es que cada quien tiene una lista de características que le hace conectar con un lugar.

Desde antes de venir tenía en mente una ciudad que sólo por escuchar experiencias de amigas cercanas y ver imágenes de sus calles me propuse visitar durante este año: Oporto. Una la describió como una ciudad gris y nostálgica, otra como un destino asequible, pero en lo que todas coincidieron, y tuvieron razón, era que, conociéndome, sabían que me encantaría. Todo eso fue suficiente para embarcar esta aventura con tres compañeros más.

Salimos de Sevilla con destino a Lisboa en un bus de medianoche, seis horas nos separaban de la capital portuguesa y poco se pudo dormir. Sentí que el conductor había sido entrenado por choferes de guaguas voladoras, no fue para nada gracioso, además de los llantos de un bebé que hicieron el papel de banda sonora del trayecto, parte del encanto de la travesía para llegar al ansiado destino.

En Lisboa nos pasamos una noche, ya había estado antes y conocía lo fundamental: Torre de Belem, Monasterio de los Jerónimos, Monumento a los Descubrimientos, Plaza del Comercio, etc. No sé por qué, pero tuve la misma sensación de la primera vez, quería irme de allí, ansiaba continuar el viaje. Al día siguiente nos trasladamos a Oporto, haciendo una parada en Fátima. Cuando por fin empezamos a recorrer las calles de esta ciudad gris, la diferencia con Lisboa era abismal, nada que ver. Me pregunté por qué en la clase de geografía sólo te hablan de las capitales de algunos países, si en un país tan pequeño como la  República Dominicana se nota la diferencia entre una región y otra, cómo no notarla en Portugal.

Oporto es igual que en las postales, sorprenden las casitas de colores a orillas del río Duero, su puente de Don Luis I que lleva directamente a las bodegas de este vino tan conocido, sus callejones en el centro, las iglesias, la Torre de los Clérigos, el Palacio de Cristal, el Palacio de la Bolsa de Valores,  la famosa librería Lello e Irmao, considerada como una de las más bonitas de Europa, el Majestic Café, los mercados, en fin, creo que puedo decir que conocí Oporto de la mejor manera, con el tiempo he aprendido a viajar, descubriendo por mi o con la ayuda de otros, lo que te hace enamorarte o no de una ciudad.

Hubo una experiencia en especial que hizo que me sintiera feliz: visitar una de las bodegas de vino y conocer un poco de su historia y de sus tipos, de la mano de una guía que hablaba un español con toques de portugués exquisito, pero lo más interesante era el entusiasmo con el que esta joven transmitía esta pasión provocó varias cosas: que aprendiera y prestara atención, que la felicitara al terminar su trabajo, que al probar el vino quisiera llevarme una botella y que no abandonáramos esa botella casi llena en el aeropuerto.

Era el momento de volver a España en avión, y nos habíamos olvidado que no podíamos viajar con alcohol en el equipaje de mano. Entre tres decidimos comprar la botella de casi 10 euros, pero no nos la habíamos terminado. Teníamos dos opciones a las cinco de la mañana: dejar la botella en uno de los zafacones o bebérnosla, yo voté por la segunda e insté a los demás a reflexionar en torno al valor que tenía, no solo monetario, si no también sentimental, en que otra oportunidad estaríamos en Oporto disfrutando de su vino, no lo sé. Quiero pensar que este viaje algún día se repetirá, y si no, siempre tendremos esta anécdota de despedida.

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Sobre el autor

Violeta Lockhart es violinista y licenciada en Comunicación Social Summa Cum Laude, egresada de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Ha escrito y dirigido varios cortometrajes con mirada de género, premiados en el país. Actualmente reside en Sevilla, donde cursa un Máster en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual.