Memorial del Convento

Poder decirse es uno de los pocos remanentes de libertad que nos quedan en esta isla cercada de agua por todas partes y de monopolios mediaticos. 7 Dias ofrece una ventana, tan vasta como el universo digital, para los y las asfixiados de la tierra. A ella me aproximo, confiada en la proverbial honestidad de quienes la abren o cierran.

Julia de Burgos y los mitos

Recuerdo que una vez me acerque al maestro Oviedo a invitarlo a una obra de teatro de mi autoría y un conocido “promotor”  de las artes me dijo con lascivia que estaba “sorprendido”…   Sorprendido de qué si usted no me conoce,le repliqué a este horroroso tipo que proyectaba en mi sus fantasías, o sus desinformaciones.

Recuerdo también en Casa de las Américas, cuando un tipo larguirucho y seco se me acercó con una joven y le dijo “esta es la viciosa mas grande que hay”.  No tomo ni coca cola,  le repliqué y entendió que había metido las cuatro patas.  Era otro que proyectaba en mi sus fantasías, o retorcimientos, esta vez a partir de mi apellido, el cual me ha hecho sujeto de multiples chistes y malentendidos.

En otra ocasión, vi a hombres jóvenes, exitosos y atractivos intentando evitar por todos los medios que sus tambien exitosas y bellas mujeres sostuvieran una extensa conversacion conmigo.  Pude haber reaccionado como hay que reaccionar frente al irrespeto, pero lo que hice fue mirarlos con compasión.  Dios mío, pensé,  cómo pueden ser tan inseguros bajo esa fachada de autosuficiencia del hombre burgués, en todas partes.

A Julia, afirmo, se le puede aplicar lo que le dijo un sacerdote peruano a Bolívar:  “Vuestro nombre crecerá con los siglos, como crece la sombra cuando el sol declina”.

Creo poder decir , sin equivocarme, que ninguna mujer desata las especulaciones y fantasías eróticas de todo tipo en la población como las artistas.  Mientras es difícil encontrar datos biográficos de los grandes escritores que tengan que ver con sus amores, públicos o clandestinos, sus  prácticas sexuales, o sus preferencias afectivas, las biografías de las mujeres están plagadas de ese tipo de inuendo, con los cuales pseudobiógrafos intentan explicar su obra literaria, estableciendo de facto una conexión entre sus textos y sus vidas, como si la obra fuese una fotografía de la intimidad de sus autores.

En este año del centenario de Julia de Burgos, siguen abundando los mitos sobre esta mujer que murió estando casada desde hacia una década con Armando Marín, músico y contable, compatriota suyo, dos semanas después de salir de un hospital y como resultado de la experimentación científica a la que se sometió para la cura de la cirrosis hepática, no de un trágico amor que la llevó a dar tumbos de basurero en basurero “derrotada por el alcohol” y el trágico desamor de un dominicano. 

Escandalizados porque conoció y siguió a un hombre que la deslumbró con su intelecto, pocos recuerdan que al encontrarse con él ya Julia se había divorciado de su primer esposo Rubén Beauchamp, a quien conoció no en un bar sino en las luchas nacionalistas.

Según los mitos que abundan, producto de mentes que proyectan en ella sus propias perversiones estructurales, a Julia Juan Isidro Jimenes Grullón la “drogaba con morfina para que practicara sexo grupal con otras mujeres”, calumnia que ponen a circular “las malas lenguas”, pero que repite sin ningun respeto por su memoria una mujer escritora que se supone independentista:  Mayra Santos Febres, con pretensiones de biógrafa.  

Yo que conocí a Don Juan Isidro, y tuve el honor de ser depositaria de su confianza en lo que se refiere a su relación con Julia, se no solamente que Don Juan Isidro era un caballero de su epoca, sino también que amaba a Julita, como le llamaba, hasta el delirio.  Y cuando uno ama así no comparte al que ama ni con su sombra.

La otra falacia, fácil de corroborar a partir de los archivos del Departamento de Corrección de la ciudad de Nueva York, es que a Julia, que solo medía 5.8, es decir que era más bajita que yo, “le cortaron las dos piernas porque no cabía, como un fenómeno de circo, en el ataúd”.   Tanto los récords de defunción, como el ataúd que finalmente albergó sus restos y fue velado en Puerto Rico, evidencian un sensacionalismo barato que nada contribuye a obras de ficción, o pretendidas biografías,  de una poeta que es bandera de lucha de su  indomable país, y como tal no merece que lo que se legue al estudiantado de Borinquen sean especulaciones, o baratos chismes, de quienes la utilizan y han utilizado, para ganar notoriedad.

A Mayra Santos-Febres y a Diógenes Valdez, les remito a las palabras de Don Juan Bosch:  “Julia era una mujer muy discreta y muy equilibrada.  De unos modales muy correctos.  Siempre muy limpia, elegante, alta, de muy buena presencia, y una lectora y estudiante muy buena, porque pasaba horas enteras leyendo allá en la casa, los libros que traía de la Universidad”.  “Nunca le oí cotidianidades, o expresiones fuera del buen tono”.

A Julia, afirmo, se le puede aplicar lo que le dijo un sacerdote peruano a Bolívar:  “Vuestro nombre crecerá con los siglos, como crece la sombra cuando el sol declina”.

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Sobre la autora

Poeta, dramaturga y ensayista. Licenciada en Sociología e Historia de América Latina por The City University of New York (Brooklyn College).Ha sido columnista de varios medios escritos. Parte de su producción poética ha sido incluida en Sin otro profeta que su canto (Antología de la poesía femenina dominicana) y en Poemas del exilio y de otras inquietudes /Poems of exile and other concerns (Antología bilingüe de la poesía escrita por dominicanos en los Estados Unidos), ambas preparadas por Daisy Cocco De Filippis. En 1997 obtuvo el Premio Nacional de Teatro con la obra Wishky Sour.