Otro aire


Los naipes del Palacio

La historia se repite: algunos sacrificaron a su pareja la noche de San Valentín para dedicársela a la segunda temporada de House of Cards. El que no lo hizo para evitarse un pleito, seguro dejó todo a un lado el sábado para ver la serie más famosa de Netflix y la que tenía hasta al presidente Obama en expectativa.

Frank y Claire Underwood nos mantienen en suspenso en su lucha por lograr algo que, según ellos es más fuerte que el dinero: el poder, sin importar qué les cueste.

¡Quién se lo iba a imaginar! El país de la eterna democracia y de las oportunidades, en la capital de los Estados Unidos de América.

Washington D.C. es una ciudad majestuosa: el monumento a Lincoln y el de los Veteranos de la Guerra de Corea son imponentes. Cerca está el National Mall, un área al aire libre con distintos museos, el famoso obelisco que es en realidad un monumento a Washignton y, al fondo, el Capitolio. Este último es el lugar donde todo sucede: lobby, negocios sucios, engaños… Es una serie, pero detrás de cada fantasía suele haber una realidad.

En House of Cards se muestra la otra cara de la política, la que aquellos que no somos parte de grupos políticos no conocemos. Estos alrededor de 40 minutos por capítulo  hacen que Duarte estuviera equivocado aquella vez que dijo que  “La política no es una especulación; es la ciencia más pura y la más digna, después de la Filosofía, de ocupar las inteligencias nobles”.

Me pregunto cómo sucede en nuestras instituciones y cómo “dueños” de fundaciones, jueces, empresarios famosos y miembros del Estado operan:

Un empresario pide a un miembro del Congreso que proponga una ley que, sin tener que hacer mucha investigación, va en contra del bienestar de todos aquellos que representa. ¿Qué recibió a cambio?

Un periodista es amenazado de muerte.

Del Estado “se pierden” tres mil millones de dólares.

Un asesinado muy cuestionable queda en el aire.

Líderes de partidos de oposición se reúnen.

Casualmente empresas que trabajan para el Estado hacen donaciones a una ONG.

Un embajador boicotea al Estado.

Un representante o dos de la Iglesia católica se inmiscuyen en políticas de Estado.

Y así mi lista podría continuar…. Quizás de aquí a febrero de 2015 sólo haga falta leer el periódico e investigar un poco para tener nuestra propia versión de House of Cards.

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Sobre la autora

Graduada de Comunicación Social. Ha trabajado como redactora y productora de distintos medios de comunicación en Santo Domingo. En la actualidad reside en Buenos Aires, donde cursa un MBA en Marketing.