Lado B

El lado B es un espacio para tratar temas relacionados a todos los ámbitos de la cultura, rutinas del día a día, detalles de “Odisea burbujas” y otros misterios de la vida.)

Venganza voladora en el Día de los Enamorados

Otro día más, otra celebración de San Valentín. No es que esté en contra del día de la amistad y el amor, pero por un largo período mi relación con San Valentín no fue muy saludable, es más, me atrevería a decir que yo no le caía muy bien.

Mas eso fue hace mucho tiempo y por suerte las cosas han mejorado. Para este año había planeado una cena con Virginia, pero ese día, en el trabajo, mi mente estaba en otras cosas. Trataba de concentrarme en escribir un artículo, pero un mosquito, del que no tengo la menor idea de dónde salió, empezó a hacer piruetas cerca de mi cabeza.

Algo me decía que sus intenciones no eran amistosas.

Al principio traté de ignorarlo, pero me cansé y alcé mi mano para alcanzarlo. No supe si lo logré, pero el mosquito desapareció, así que volví a trabajar.

El resto de la jornada continuó como siempre, los demás se deseaban entre ellos un feliz Día de San Valentín. Ana nos regaló a todos unas paletas, Ilsia nos trajo chocolates y Wilkin se paró a decir unas palabras sobre la amistad y el amor y todo eso.

Yo no pude unirme a la celebración porque en ese momento el mosquito regresó, aunque ahora volaba de medio lado. Al parecer mi intento de “mosquiticidio” solo fue parcialmente exitoso y el bicho volvió buscando venganza.

Creo que lo enfurecí.

Traté de ser misericordioso e intenté pasar por alto su necedad, pero ese mosquito no iba a ser ignorado tan fácilmente. Una y otra vez se acercó a mi oído, a mi nariz, se posaba sobre la pantalla de la computadora, era obvio que me había declarado la guerra.

Fue durante su segundo intento de meterse en mi nariz que insulté a Cupido en voz alta (en realidad iba a llamarlo “Estúpido”, pero cuando hablé casi me trague un chicle y los demás entendieron Cupido) y declaré que no escaparía.

Una y otra vez mis manos centellearon sobre mi cabeza tratando de derribarlo y en cada ocasión fallé, hasta que decidí intentar otra táctica. Me hice el desentendido y continué escribiendo hasta que Cupido se descuidó, pasó demasiado cerca y en ese momento ataqué.

Cuando confirmé que lo que quedaba de Cupido caía sobre el escritorio, di un brinco para celebrar mi victoria, pero fue entonces cuando me di cuenta que todas mis peripecias e insultos habían interrumpido el discurso de Wilkin, y no fue fácil convencerlo de que los insultos no estaban dirigidos a él.

Después de hacer las paces volví a mi puesto para recoger el cuerpo de mi adversario y darle un entierro apropiado, pero no lo encontré. Decidí que ya había perdido demasiado tiempo en mi riña con ese bicho y continué trabajando.

El resto del día fue normal hasta que, cuando empezaba a escribir otro artículo, Cupido surgió de entre los botones del teclado, como un ave fénix borracha buscando venganza. Aún así, esta vez no perdí tiempo, luego de una maniobra que aprendí del mismo Señor Miyagi, atrapé a Cupido entre mis manos y lo eliminé.

Esto fue cinco segundos antes de que utilizara un aerosol.

Guardé unos minutos de silencio como muestra de respeto a mi gran adversario antes de lavarme las manos y volver a trabajar, pero esa noche la cena la dedicamos a Cupido, un mosquito muy especial cuyo amor por la batalla sobrepasó su sentido común.

O por lo menos, esa fue mi excusa para explicar porque este año se me olvidó comprar un regalo de San Valentín. Gracias, Cupido.

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    Algo me decía que sus intenciones no eran amistosas.

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    Esto fue cinco segundos antes de que utilizara un aerosol.

Sobre el autor

Escritor, periodista y publicista. Actualmente este fan del cómics, el cine y la TV labora como editor de la sección de Cultura del periódico digital 7dias.com.do donde su lema es “¡Cultura! ¡Cultura! ¡Cultura!”, que solo está parcialmente relacionado a su lema privado “¡Chin pun pan tortillas papas!”, y su lema como acuariano a medio tiempo “¿Por las barbas de mi tía Petunia!”.