Lado B

El lado B es un espacio para tratar temas relacionados a todos los ámbitos de la cultura, rutinas del día a día, detalles de “Odisea burbujas” y otros misterios de la vida.)

Un peatón en la avenida del destino

Sí, a primera vista parecía un martes cualquiera en el trabajo, pero esta vez había algo diferente. No todos los días se recibe una revelación que nos cambia la vida. Lo recuerdo como si fuera ayer, a pesar de que todo ocurrió antes de ayer; me sentía agobiado por la sensación de que los días eran interminables, las horas más largas y el mundo se había vuelto tan estático como las gotas de un suero de miel de abeja en cámara lenta. En otras palabras, solo habían pasado 24 horas desde que había dejado mi carro en el mecánico y ya me estaba desesperando.

No fue esta la primera vez que ocurre, ni será la última, pero en cada ocasión en que he tenido que “internar” mi vehículo para cualquier tipo de mantenimiento, paso por la misma crisis, que todas mis amistades y relacionados ya conocen a la perfección. Creo que es por eso que evitan mis llamadas cuando estoy a pie.

De todas formas, en ese momento me encontraba en una situación muy seria. Había llegado la hora de marcharme  y no tenía vehículo. Ninguno de mis amigos estaba disponible, lo que me obligó a preguntarle a mis compañeros de trabajo si algunos de ellos podía llevarme.

Le pregunté primero a Wilkin, él ya me había socorrido en otra ocasión, pero esta vez me dijo que recién había adoptado una nueva creencia filosófica que no le permitía “dar bola” bajo ninguna circunstancia. Decidí no indagar mucho sobre qué tipo de movimiento filosófico es ese, pero cuando me volteé para pedirles el favor a los demás, todos se habían marchado.

“¡Shhhh! ¡Todavía no se ha ido!”.

En ese instante me di cuenta de que en la oficina ya conocían mis mañas de pasajero. En fin, sea cual sea el motivo de esta desaparición colectiva ya era hora de apagar la computadora y dirigirme a mi hogar, así que me tocó irme en taxi. Otra vez.

Por suerte para mí, una unidad se encontraba cerca de la oficina. Gracias a la falta de fluidez del tráfico navideño, trasladarse desde cualquier otro punto de la ciudad hasta donde me encontraba habría tomado suficiente tiempo para justificar que me cobraran dos pasajes.

“¡Feliz Navidad!”.

En fin, me subí en el vehículo y emprendí mi viaje de regreso a casa. Veinte minutos después aún nos encontrábamos en la misma cuadra y estaba tan ansioso que cometí el mismo error que ha logrado que todos mis seres queridos me eviten cuando no tengo vehículo: empecé a hablar por hablar. Al principio hablé sobre cómo las calles de la ciudad han cambiado y cómo muchas casas antiguas han sido reemplazadas por una interminable serie de edificios de apartamentos. Omar, el chofer del taxi, no tuvo ningún problema con seguirme la corriente y participar en ese diálogo improvisado, hasta parecía que le interesaba el tema. O por lo menos ese fue el caso la primera media hora.

El problema comenzó cuando me dio con hablar sobre la increíble cantidad de carros de color azul marino en las calles. No sé de dónde surgió la necesidad de hablar de ese tema, pero de repente elaboré una larga y tediosa teoría sobre el significado de esa situación. Fue en ese momento cuando Omar hizo mutis y de vez en cuando me miraba para confirmar si yo hablaba en serio.

Luego se me ocurrió que en los periódicos hacen falta más noticias sobre gatos, porque si los videos de gatos en YouTube eran tan entretenidos, entonces era obvio que las noticias que traten el mismo tema también serán entretenidas. Fue entonces cuando Omar subió el volumen del radio para escuchar una bachata.

No sé por qué, pero empecé a creer que estaba tratando de ignorarme.

Apenas había terminado de hablar de la necesidad de utilizar adornos navideños todo el año para subir el ánimo de las masas, cuando me di cuenta de que Omar cambiaba la frecuencia de su radio para escuchar las conversaciones de otros taxistas. No le di mucha importancia a eso y continué hablando, pero empezaba a sospechar que Omar estaba ansioso por salir de mí.

“¡No te preocupes, esto es solo un atajo!”.

Cuando por fin llegamos a mi destino,  Omar no me dio la oportunidad de darle las gracias, apenas estacionó su carro cuando me dijo el precio del servicio, pero cuando le pregunté si tenía cambio solo me cobró la mitad.

“¡Quédate con el cambio!”.

Por la forma en que “guayó” las gomas de su vehículo mientras se alejaba no creo que Omar vuelva a dejarme subir en su taxi. Odio andar a pie.

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    “¡Shhhh! ¡Todavía no se ha ido!”

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    No sé por qué, pero empecé a creer que estaba tratando de ignorarme.

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    “¡No te preocupes, esto es solo un atajo!”.

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    “¡Quédate con el cambio!”

Sobre el autor

Escritor, periodista y publicista. Actualmente este fan del cómics, el cine y la TV labora como editor de la sección de Cultura del periódico digital 7dias.com.do donde su lema es “¡Cultura! ¡Cultura! ¡Cultura!”, que solo está parcialmente relacionado a su lema privado “¡Chin pun pan tortillas papas!”, y su lema como acuariano a medio tiempo “¿Por las barbas de mi tía Petunia!”.