Otro aire


Haciendo de guía turística en Buenos Aires

El jueves llega una amiga. Siempre es bueno recibir visitas, sobre todo si es gente querida. Es una forma de viajar a Santo Domingo, conocer cómo está la ciudad, el tema de seguridad, qué nuevos lugares...  A fin de cuentas es extrañar menos. Con el Skype ya no hace falta ni preguntar mucho por familiares y amigos. También es divertido hacer de guía turístico y descubrir que, al conocer todo, de alguna manera u otra, una se siente “local”. Conoce los autobuses, las buenas y malas zonas...

Cuando vienen a visitarme, hago dos cosas: 

Pensar qué le gustaría a esa persona de la ciudad. Algunos vienen interesados en ir a los teatros y librerías, que hay por montones. Otros con el puro interés de comer carne y beber vino como si en un futuro próximo se pudiera acabar. Los hay también cuyo único propósito es conocer Caminito y Puerto Madero. En general, todos se asombran de lo linda que es la ciudad (alguna chicas también opinan lo mismo de sus habitantes masculinos). Buenos Aires está repleto de restaurantes y barcitos, está hecho para divertirse, pero se respira cultura en cada rincón. Que la librería de la esquina cierre a las once de la noche dice mucho. 

Mi amiga tiene una emoción contagiosa con sus vacaciones, prometo hacer todo lo que esté a mi alcance para que las disfrute. Ya tengo una lista de cosas que puede hacer; creo que por suerte le interesa un poco de todo: la llevaré a los lugares clásicos (Catedral, Casa Rosada, Florida, Puerto Madero, Caminito), pero también pienso enseñarle los que visito cuando no ando de turista. Comeremos en lugares “bien” pero uno que otro día le tocará comer en Carlitos LNG, un restaurante de la esquina donde por cinco dólares se puede comprar una pizza para dos, no es lo más exquisito de Buenos Aires, “pero se deja comer”. Un día saldremos de la ciudad para ir a Tigre, un municipio cercano que hay quienes llaman “la Venecia de Argentina”. 

Lo segundo que hago es la lista de cosas que debe traerme: los platanitos y el café nunca faltan. Esa lista ha incluido greca de café, en otra ocasión la goma, hojuelitas y yuquitas, jalao, higos rellenos de dulce de leche de Baní, dulce de coco, mezcla de pancakes Aunt Jemaima, ron, tratamiento para el pelo, ropa, zapatos, libros... ¡Mi papá incluso me trajo mermelada de mango casera! No es que esté en el fin del mundo, pero ya que no me pueden traer a mi familia, ni amigos ni la playa, ¿por qué no un poquito de mi tierra?

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Sobre la autora

Graduada de Comunicación Social. Ha trabajado como redactora y productora de distintos medios de comunicación en Santo Domingo. En la actualidad reside en Buenos Aires, donde cursa un MBA en Marketing.