Memorial del Convento

Poder decirse es uno de los pocos remanentes de libertad que nos quedan en esta isla cercada de agua por todas partes y de monopolios mediaticos. 7 Dias ofrece una ventana, tan vasta como el universo digital, para los y las asfixiados de la tierra. A ella me aproximo, confiada en la proverbial honestidad de quienes la abren o cierran.

Luis Pie o el silencio de los dioses

“Bonyé, bonyé”, exclamaba desesperado Luis Pie, ante la indiferencia de un Dios que en el Vodu  no responde a las demandas de sus seguidores “porque este está tan encima que no se ocupa de los hombres”.  Para eso tenía que apelar  a Legba, señor de los caminos y calles, guardián de encrucijadas y puertas, protector del rebaño, designado por el Gran Dios, o Bonye, para esas funciones.

Herido, aterrorizado, golpeado por los soldados de la patrulla del mismo patrón que había originado el incendio con la colilla de un cigarrillo, Luis Pie “iba echando sangre por la cabeza, con la ropa desgarrada y una pierna a rastras.  Se le veía que no podía ya más, que estaba exhausto y a punto de caer desfallecido”.

Entonces ve a sus hijos “y de pronto la voz de Luis Pie, una voz llena de angustia y de ternura, se alzó en medio del silencio diciendo:  -Piti Mishe, mon piti Mishe!  ¿Yu no ten enferme, mon piti?  Tu ta bien?... y “asombrado de que sus hijos no se hallaran bajo el poder de las tenebrosas fuerzas que le perseguían, no pudo contener las palabras”.

“-Oh Bonye, tu se gran! –clamó volviendo al cielo una honda mirada de gratitud”, aunque Bonye,  ocupado como esta en las grandes cosas, no podía detenerse a considerar la suerte de uno de sus hijos.

Y ahí radica la victoria final de Luis Pie sobre sus opresores, en una cosmovisión donde la muerte es alegre reunión con el origen, que curiosamente coincide con la del cristianismo aunque los y las cristianos generalmente  no la practican y por temor se someten a la opresión y el oprobio.

En el climax del cuento, cuando leemos con horror sobre los golpes que va recibiendo Luis Pie, Don Juan narra que Luis Pie “había vuelto el rostro, sin duda, para ver una vez más a sus hijos, y uno de los soldados pareció llenarse de ira y levanto el puño para pegarle, pero como tenía la mano “demasiado dolorida por el uso que le había dado esa noche” y porque comprendió que “Luis Pie no se daría cuenta de ello” había desistido.

Y he aquí donde Don Juan nos sorprende de nuevo con su conocimiento de la religiosidad haitiana:

Luis Pie “no podía darse cuenta, porque iba caminando como un borracho, mirando hacia el cielo y hasta ligeramente sonreído”.

¿Por qué, se preguntará el lector o lectora,  esta aparente contradicción de sonreir cuando se marcha hacia la muerte?

Quienes no conocen el Vodu concluirán que porque Luis Pie había visto a sus hijos antes de morir y había constatado que no estaban enfermos, que estaban bien, empero para estudiosos de la religión, como Jean Price Mars, “una importante característica para los pueblos donde llegó la trata negrera desde África fue que sus esclavos y posteriores descendientes han preservado el culto a los muertos y sus ancestros".  Este elemento, nos dice Mars, un autor que Don Juan de seguro había estudiado por su importancia en la literatura haitiana y caribeña, “va a proporcionar una gran transmutación a la muerte, la cual para ellos significara el regreso al África, o a Haití y la reunión con los muertos de la gran familia de origen”.

Y ahí radica la victoria final de Luis Pie sobre sus opresores, en una cosmovisión donde la muerte es alegre reunión con el origen, que curiosamente coincide con la del cristianismo aunque los y las cristianos generalmente  no la practican y por temor se someten a la opresión y el oprobio.

Don Juan se hace asi coparticipe de la santidad de la vida, pero de la vida entendida por la religiosidad haitiana, no tanto por las cosas sino por el espíritu de ellas, donde todos los elementos, todo lo existente en el mundo, sea animal, vegetal o mineral, comparte propiedades físicas o genéticas iguales, donde los elementos naturales son los reservorios de los espíritus, las caras múltiples de lo divino.

Y habiendo reconocido esta santidad de la vida en un cuento tan paradigmático como Luis Pie, Don Juan sigue su periplo como político, entendiendo que es el campo inevitable donde se suceden los cambios y retoma sus responsabilidades en ese campo, convirtiéndose en 1944, en asesor del primer ministro de Cuba, Prío Socarrás y participando  en la formulación de una de las constituciones más progresistas de América, la cual junto con la de México, Chile y la República Española, influenció la Constitución dominicana  del 1963.

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Sobre la autora

Poeta, dramaturga y ensayista. Licenciada en Sociología e Historia de América Latina por The City University of New York (Brooklyn College).Ha sido columnista de varios medios escritos. Parte de su producción poética ha sido incluida en Sin otro profeta que su canto (Antología de la poesía femenina dominicana) y en Poemas del exilio y de otras inquietudes /Poems of exile and other concerns (Antología bilingüe de la poesía escrita por dominicanos en los Estados Unidos), ambas preparadas por Daisy Cocco De Filippis. En 1997 obtuvo el Premio Nacional de Teatro con la obra Wishky Sour.