Memorial del Convento

Poder decirse es uno de los pocos remanentes de libertad que nos quedan en esta isla cercada de agua por todas partes y de monopolios mediaticos. 7 Dias ofrece una ventana, tan vasta como el universo digital, para los y las asfixiados de la tierra. A ella me aproximo, confiada en la proverbial honestidad de quienes la abren o cierran.

Haití en Luis Pie

La carta de Don Juan, enviada a quienes entonces se consideraban como los intelectuales más importantes de la República Dominicana, carta lamentablemente ignorada por las grandes masas de nuestro país, es un antecedente obligado para la comprensión del cuento Luis Pie, un cuento favorito de Don Juan, con el cual obtiene en junio de 1943 el Premio Hernández Cata, de Cuba, y que le permite casarse con Doña Carmen.

La coincidencia de fechas (1943) no es casual, es decir, lo que Don Juan plantea en su carta como denuncia de las condiciones de vida del pueblo haitiano  está en el trasfondo del cuento sobre el bracero haitiano Luis Pie, considerado un modelo de síntesis narrativa porque,  en tres paginas, Don Juan logra una descripción inigualable e inigualada  de las condiciones de  vida en los bateyes de caña de azúcar, y de los abusos de los patrones contra los obreros agrícolas del hermano país.

Como en todos sus cuentos, Don Juan utiliza un lenguaje simple y una aparentemente simple estructura secuencial donde, desde el primer párrafo ya el lector, o lectora,  intuye la tragedia, es decir, cuando Luis Pie enciende un fosforo para investigar la naturaleza y extensión de su herida en el pie, ya se establece el ritmo y la tensión que normaran este cuento.

En la selección del nombre  para su cuento: Luis Pie, se juega con el título porque es precisamente el pie de Luis el que lo conducirá a la muerte implícita en su apellido,  Don Juan  elige un tema que por su peso específico es universal.  Dice Don Juan, en sus apuntes para escribir cuentos: “El tema puede ser muy local en su apariencia, pero debe ser universal en su valor intrínseco.  El sufrimiento, el amor, el sacrificio, heroísmo, la generosidad, la crueldad, la avaricia, son valores universales, positivos o negativos, aunque se presenten en hombres y mujeres cuyas vidas n o traspasan las lindes de lo local; son universales en el habitante de las grandes ciudades, en el de la jungla americana o en el los iglús esquimales”.

Como en todos sus cuentos, Don Juan utiliza un lenguaje simple y una aparentemente simple estructura secuencial donde, desde el primer párrafo ya el lector, o lectora,  intuye la tragedia.

Fiel a  esta definición, el cuento Luis Pie retrata la estructura política y social de la industria azucarera y en particular de los bateyes, donde “don Valentín Quintero, el dueño del batey La Gloria, tenía un viejo Ford en el cual iba al batey a emborracharse y pegarles a las mujeres que llegaban hasta allí, por la zafra, en busca de unos pesos”.

El retrato de la estructura social es una práctica permanente en Don Juan y sus cuentos  La Nochebuena de Encarnación Mendoza (con la misma temática de la vida en el Batey); El sacrificio; Los amos; La carretera (donde Don Juan evidencia una pionera sensibilidad frente a los temas de genero, es decir, frente a la dependencia de los victimarios que desarrollan las mujeres víctimas de violencia doméstica); y su novela La Mañosa.

También lo es su rigurosidad en el estudio y planteamiento del tema, donde evidencia un profundo conocimiento de la realidad azucarera.  Dice Don Juan: “El cuentista tiene que estudiar el hecho para saber cuál de sus ángulos servirá para un cuento… Aprender a ver un tema, saber seleccionarlo, y aun dentro de el hallar el aspecto útil para desarrollar el cuento, es parte importantísima en el arte de escribir cuentos.  La rígida disciplina mental y emocional que el cuentista ejerce sobre si mismo comienza a actuar en el acto de escoger el tema”.

El tema, ya lo sabemos, es la realidad de la vida de los braceros haitianos en los bateyes, y la sistemática violencia a que son sometidos.  La violencia estructural de la miseria, y la violencia de los capataces o dueños de las plantaciones de caña.

Don Juan evidencia, a traves del terror de Luis Pie y su creencia en el mal de ojo, o en la posible maldición de sus enemigos, uno de los peores atavismos que afectan al campesinado  y que impiden su organización y su lucha.

Para iniciar el cuento Luis Pie, Don Juan parte del un incidente en la vida del bracero haitiano, la herida en un pie.  Al hacerlo sigue siendo fiel a su teoría del cuento donde afirma: “En su origen el cuento no comenzaba con descripciones de paisajes, a menos que se tratara  la presencia o la acción del protagonista; comenzaba con este, y pintándola en actividad.  Aun hoy, esa manera de comenzar es buena.  El cuento debe iniciarse con el protagonista en acción, física o psicológica, pero acción; el principio no debe hallarse a mucha distancia del meollo mismo del cuento, a fin  de evitar que el lector se canse”.

Tanto la rigurosidad en la selección del tema, la disciplina en el estudio de la situación, el iniciar el cuento con la acción del protagonista, así como la capacidad de síntesis, son características reconocidas de la cuentística de Don Juan, lo que si es nuevo en Don Juan es el conocimiento no ya de la lengua popular, en particular la campesina, sino del creole, ya que  en el cuento Luis Pie todas las expresiones del bracero son en  su lengua original:  “Ah, Piti Mishe ta esperan a mué”…”No, no tan sien palla; ta sien pacá”…

Y su conocimiento y comprensión de la religiosidad de los braceros haitianos:  “Bonye, Bonyé- empezó a aullar, fuera de sí y luego más alto aun:  ¡Bonyéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!”, ser supremo del sistema mágico religioso del Vodu, o espíritus de la inmortalidad, donde Bonyé significa Bon Dieu, omnipresente creador que se expresa a traves del Maitre (“Papá”) y Maitresse (Mamá) en el Olimpo del Vodu, y en el lenguaje de los y  las politicos y políticas dominicanos que se autodenominan “Papá y Mamá”.

Herido, Luis Pie “notó el resplandor.  Al principio no comprendió; jamás había visto el un incendio en el cañaveral.  Pero de pronto oyó chasquidos y una llamarada gigantesca se levantó inesperadamente hacia el cielo, iluminando el lugar con un tono rojizo”.

Era el Loa (Iwá) del fuego, un demonio que siempre acecha en los bateyes, quizás el más temido, y que en una religión antropomorfa como lo es el Vodu, puede ser utilizado por los enemigos o enemigas para matarte o echarte un mal… Quienquiera que fuera, el enemigo que le había echado el mal se valió de fuerzas poderosas”…

Y aquí Don Juan evidencia, a traves del terror de Luis Pie y su creencia en el mal de ojo, o en la posible maldición de sus enemigos, uno de los peores atavismos que afectan al campesinado  y que impiden su organización y su lucha: la creencia en la existencia de seres o loases que pueden ser manipulados a favor o en contra frente a una situación dada y que impiden la concientización y posterior organización del campesinado como una fuerza política.

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Sobre la autora

Poeta, dramaturga y ensayista. Licenciada en Sociología e Historia de América Latina por The City University of New York (Brooklyn College).Ha sido columnista de varios medios escritos. Parte de su producción poética ha sido incluida en Sin otro profeta que su canto (Antología de la poesía femenina dominicana) y en Poemas del exilio y de otras inquietudes /Poems of exile and other concerns (Antología bilingüe de la poesía escrita por dominicanos en los Estados Unidos), ambas preparadas por Daisy Cocco De Filippis. En 1997 obtuvo el Premio Nacional de Teatro con la obra Wishky Sour.