Otro aire


Distintos, pero igualitos

Cuando uno va a otro país, por lo general todo le parece súper distinto al lugar de origen El combo de la arquitectura, la ropa y hasta las mismas personas son extraños. Con el tiempo es inevitable buscar parecidos, ya sea por sentirse más en casa o porque, verdaderamente y  en el fondo, en el mundo todos somos semejantes.

La realidad es que son latinoamericanos: el tránsito es un caos (aquí se destacan por gritarse barbaridades, no tanto por los bocinazos), los niveles de educación no son excelentes y, muy de vez en cuando, el sistema eléctrico colapsa y se va a luz.

A simple vista no nos parecemos: los argentinos tienen otros genes que los hacen tener ojos verdes, otro tipo de pelo y que, seamos claros, les ha dado fama de “bonitos”. En Buenos Aires, por apreciación personal, la mayoría tiene apellido italiano, hablan con vos y se les hace imposible pronunciar el sonido de la “ll” (he intentado enseñarle a uno que otro amigo, misión imposible).

Por efecto de la arquitectura, una se siente en Europa (París o Madrid, quizás). La realidad es que son latinoamericanos: el tránsito es un caos (aquí se destacan por gritarse barbaridades, no tanto por los bocinazos), los niveles de educación no son excelentes y, muy de vez en cuando, el sistema eléctrico colapsa y se va a luz.

Así como ambos tenemos dulce de leche, pero son diferentes, tenemos un montón de otras cosas distintas pero iguales. Hay políticos corruptos, quizás con mejor educación.

En una fiesta o juntadera se bebe Coca-Cola con fernet, un licor de yerbas que sabe a medicina y que tiene mucho alcohol. Los dominicanos tomamos ron, ambos apreciamos la cerveza. Después, en la República Dominicana iríamos al carrito de nuestra preferencia, a comer chimi (que nada que ver con la salsa chimichurri de los argentinos). En Buenos Aires hay dos opciones: choripán (una especie de pan francés con un chorizo a la parrilla en el medio y salsas) o, si estás en la zona de Palermo, shawarma (una comida de origen árabe, también se llama kebab).

Están acostumbrados a caminar: porque las aceras son anchas, no están llenas de basura, no las ocupa ninguna construcción y no hay fruteros. ¡Ah! También porque tienen muy buen sistema de transporte público y es una ciudad más segura (ojo, que no significa que una se puede abanicar con el dinero ni andar con un buen celular como si se tratara de un “guaya-hielo”).

Para un argentino, la vacación ideal es ir a la playa, al Caribe; para un dominicano probablemente sea ir a alguna ciudad lejana y distinta, como Buenos Aires.

Y así, a fin de cuentas, todos somos más parecidos de lo que pensamos. La forma podrá ser diferente, pero el fondo exactamente igual.

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Sobre la autora

Graduada de Comunicación Social. Ha trabajado como redactora y productora de distintos medios de comunicación en Santo Domingo. En la actualidad reside en Buenos Aires, donde cursa un MBA en Marketing.