Otro aire


Recuerdo de un NO humano

Hace unos años formé parte de un grupo de personas que se opuso al fraude en Bahía de las Águilas. Trabajaba en el programa radial “¿Cuál es tu versión?” y nos tomamos la causa como si se tratara de nuestro propio hogar. Y es que así es, vivimos en un país, en un mundo que tenemos que cuidar.

Ese lugar fue declarado Reserva Mundial de la Biósfera por la Unesco y no fue en vano: las tortugas vienen cada año a poner sus huevos, tiene la zona más extensa y mejor conservada de pradera de hierbas marinas de la región, sin estas habría especies que no tendrían alimentación y muchas otras. Pero claro, ¿a quién le importa todo eso si no hay turistas? La oposición no era a los turistas sino a modelos de desarrollo de turismo que acaban con toda el área. Costa Rica vive de sus recursos naturales y no los explota.

Fuimos hasta Bahía de las Águilas y formamos un gran NO que se fotografió desde el aire. Para algunos fue la única vez en el paraíso.

Fue esa una de las primeras veces en esos años en que la clase media protestó y fue más noticia la protesta que su causa. El Congreso Nacional por días fue nuestro segundo hogar. Se hicieron vigilias, protestas y toda una operación para que las personas entendieran por qué proteger Bahía de las Águilas. Algunos lo captaron, otros lo vieron como un grupo de riquitos con ganas de molestar, como si el hecho de tener más posibilidades los inhabilitara para opinar.

Fuimos hasta Bahía de las Águilas y formamos un gran NO que se fotografió desde el aire. Para algunos fue la única vez en el paraíso. Días después, con un programa escolar, visité el Senado y le entregué a José Tomás Pérez una hoja impresa con la foto. Me preguntó entre risas que por qué, como intentando demostrar que no sabía la causa de mi protesta. Le respondí, se volteó y se alejó.

Se hizo una vista pública: mientras algunos expresaban su opinión el presidente del Senado conversaba amenamente por su celular. El de la izquierda tomaba agua compulsivamente y el de la derecha estaba a punto de dormirse. Fue una imagen que se me grabó: estos tres tipos se supone que me representaban, ¡qué sorpresa!

Volví a Bahía de las Águilas, me sentí orgullosa de haber sido parte del grupo de personas que de alguna manera u otra la había “salvado”.

El Gobierno confirmó que el fraude había sido consumado y de que esa mina sureña pasaba a manos de otros. Recibiremos (o recibirán algunos) un 55% del dinero que produzca la venta de terrenos en esa zona pero ¿cuánto estamos perdiendo?, ¿cuántos de los habitantes de Pedernales se verán en mejores condiciones de vida?, ¿qué tan sostenible serán estor proyectos?, ¿vivirán las tortugas?

Estar lejos, ver el fraude de nuestros recursos naturales, cómo Leonel gana inmunidad al unirse al Parlacen, cómo se pagan más impuestos para cubrir mala administración y muchos otros, me trae un gran dilema: ¿me quedo o regreso? Los dominicanos fuimos criados para buscar soluciones individuales a problemas generales. ¿Se va la luz? Se compra un inversor. ¿No hay agua? Se compra un camión. Ojalá que pronto podamos pensar por todos. 

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Sobre la autora

Graduada de Comunicación Social. Ha trabajado como redactora y productora de distintos medios de comunicación en Santo Domingo. En la actualidad reside en Buenos Aires, donde cursa un MBA en Marketing.