Otro aire


"Cambio, cambio... dólares, reales y euros"

 En el 2011,  el gobierno de Cristina Kichner, para evitar la fuga de capitales, decretó un sistema de control de cambio de divisas. Resumo: los argentinos deben pedir autorización a la Administración General de Ingresos Públicos (AFIP) para comprar divisas si quieren ir de viaje. La cantidad a cambiar no es decisión del viajero y a veces la posibilidad de comprar es vetada.

Esta disposición no solo ha hecho que las casas de cambio se hayan tenido que dedicar a otras actividades, sino que se haya creado un mercado negro de compra de divisas. El dólar blue, como lo llaman, es aproximadamente un 50% más caro que lo que dice el gobierno que vale.  

 El que viene a Buenos Aires escucha en todos los lugares turísticos (especialmente en Florida, la calle El Conde de la ciudad) cómo cada 20 metros alguien grita: "Cambio, cambio... dólares, reales y euros". Ya se ha convertido en parte del panorama.

La cosa funciona así: uno va (no se puede ir vestido de ejecutivo; a veces los cambistas piensan que la persona es de la AFIP y que podrían tener problemas con la justicia), le pregunta al cubano –porque los caribeños nos la buscamos en todas partes y hay un cubano que se hizo famoso— que a cuánto. La primera pregunta es si son papeletas de 50 o 100, porque se pagan distinto, quién sabe por qué. A esta le sigue la cantidad que se desea cambiar y luego te dan la tasa.

 Si el cliente acepta, lo llevan a una "inmobiliaria" que nunca en su vida ha alquilado un apartamento pero tiene afuera un cartel que indica que es una inmobiliaria. Es un pasillo, con varias ventanillas. Un señor desde atrás de un vidrio cuenta el dinero, lo marca en la calculadora y muestra el total en pesos a ese cambio. No se habla, porque si alguien un día lo graba habría evidencias contundentes.

 Otra modalidad de cambio de divisas es por teléfono:

- Hola.

- ¿Fulana?-

- Sí...

- Mira, estoy llamando de parte de Mengano, de tal sitio. Quiero cambiar.

- ¿Cuánto?

- XX

- Hoy a tanto, ven y cerramos la transacción.

Entonces uno va a un edificio cualquiera, toca el timbre del 4b, se identifica y lo dejan subir. Abren, se identifica,  le confirman la cantidad a cambiar y lo hacen pasar a un cuarto igual al anterior. Y se repite el mismo proceso de no hablar, ver números en la calculadora y cruzar los dedos para que a la salida del edificio no haya un vivo que conozca la movida y te atraque.

 Poco a poco se ha ido metiendo en las venas de Buenos Aires y se ha vuelto tan cotidiano que a los ojos de cualquiera el dólar blue pareciera hasta legal: hay webs que indican las tasas, los periódicos lo hacen noticia y, a fin de cuentas, todos saben dónde algún negocio esconde la venta de divisas. 

 

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Sobre la autora

Graduada de Comunicación Social. Ha trabajado como redactora y productora de distintos medios de comunicación en Santo Domingo. En la actualidad reside en Buenos Aires, donde cursa un MBA en Marketing.