Memorial del Convento

Poder decirse es uno de los pocos remanentes de libertad que nos quedan en esta isla cercada de agua por todas partes y de monopolios mediaticos. 7 Dias ofrece una ventana, tan vasta como el universo digital, para los y las asfixiados de la tierra. A ella me aproximo, confiada en la proverbial honestidad de quienes la abren o cierran.

Travesía hacia Cesaire

Desembarque en Aimé Cesaire a través de una serie de aproximaciones.  Las preguntas de un oficial de migración en el Aeropuerto Kennedy sobre mi supuesta identidad fueron el primer encontronazo con un mulataje que heredaba de mi padre, un “jabao” dominicano que, según mi madre (blanca y de ojos verdes) era encantador, pero nos había “dañado” el pelo y desde luego el color.

Una de ocho dominicanos que intentamos desagregar el Brooklyn College, descubrí el resto del Caribe en la “Third World Peoples’s Coalition”, una organización de auto-protección y defensa que conformamos dominicanos, haitianos, puertorriqueños, barbadenses, jamaiquinos, trinitenses y habitantes de las otras islas.  En esa Asociación descubrí a los grandes teóricos del otro Caribe (José Marti y Hostos eran ya de mi pájaro las dos alas) que me aproximaron, sin saberlo, a Aimé Cesaire.  Hablo de Frantz Fannon, Eric Williams, CLR James y Marcus Garvey, el jamaiquino universal que creo la primera asociación para el avance de la gente de color en los Estados Unidos, Centro America y El Caribe.

Hace ya 28 años que regrese a esta media isla, guiada por la Carta de Regreso al País Natal, de Aime Cesaire, y por Retorno a la Fuente de Amílcar Cabral, poeta y héroe de la independencia de Guinea Bissau. 

 Empero, un extraño ulular traía el viento, faltaba el África, y a finales de los 70 un viaje a Guinea Bissau, con el equipo de Paulo Freire, me hizo descubrir en la población guineense y caboverdiana, al mismo mulataje dominicano, la misma música, la misma cadencia en la voz, las voces.

 ¿Como podía Santo Domingo haberse trasladado a Bissau, con su zona colonial y su pequeño malecón?  ¿Cómo podía estarse allá estando allí?  Y, ¿cómo?, y los “comos” se convirtieron en una barrena gigantesca destruyendo muros, redondeando todos los pasajes, todos los ritos de ida y vuelta.

Hace ya 28 años que regrese a esta media isla, guiada por la Carta de Regreso al País Natal, de Aime Cesaire, y por Retorno a la Fuente de Amílcar Cabral, poeta y héroe de la independencia de Guinea Bissau.  Es curioso que ambos, mulatos asimilados que se encontraron en Paris, junto con Agostino Neto, padre de la independencia de Angola y Mario de Andrade, uno de sus mayores poetas  (y escribieron, junto con Leopold Senghor, de Senegal, la primera Antología de poesía de estudiantes africanos en la Ciudad Luz), escribieran sobre la misma urgencia:  el regreso a casa.

Y curioso que esos versos me siguieran acompañando en el regreso a mi casa, y que siempre que recibo un golpe de mar, un asalto del azul y sus barcos matutinos, las imágenes que retornan son las de Bissau, esa pequeñita ciudad que me enseño que existe solo una sola ciudad, la de la infancia, y que a ella retornamos una y otra vez en cada ciudad del mundo que nos impresiona, en cada malecón, en cada fila de palmeras, en cada arco de estuco, en cada mulato o mulata que nos sonríe y nos recuerda de donde somos, a nuestra familia universal.

Puede Aime descansar en paz, porque en cada retorno de un caribeño o caribeña a su país natal reviven sus versos, porque en cada corazón que se emociona frente a la vasta belleza de los cañaverales, frente a la hilera de apretujadas casitas multicolores, esta su impronta.

 

 

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Sobre la autora

Poeta, dramaturga y ensayista. Licenciada en Sociología e Historia de América Latina por The City University of New York (Brooklyn College).Ha sido columnista de varios medios escritos. Parte de su producción poética ha sido incluida en Sin otro profeta que su canto (Antología de la poesía femenina dominicana) y en Poemas del exilio y de otras inquietudes /Poems of exile and other concerns (Antología bilingüe de la poesía escrita por dominicanos en los Estados Unidos), ambas preparadas por Daisy Cocco De Filippis. En 1997 obtuvo el Premio Nacional de Teatro con la obra Wishky Sour.