Miércoles, 8 de Septiembre, 2010
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OTRAS OPINIONES DE
ALFREDO PRIETO. ENSAYISTA Y EDITOR CUBANO. RESIDE EN LA HABANA.
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6 de Febrero del 2010, 11:36 PM
Un (segundo) pase a las remesas
El acceso al dinero del exterior marca una diferencia en niveles de consumo y de bienes y servicios escasos o inexistentes en la economía gobernada por el peso cubano, el pariente pobre de esta historia.
 

Continuando el tema de las remesas, otro de los problemas implicados es la brecha de las desigualdades. Se trata de un punto que viene concitando la creciente atención de los estudios en el caso latinoamericano, pero en el cubano se evidencia una fuerte correlación entre ambas como resultado una economía sujeta a distorsiones estructurales, entre las que sobresale la dualidad monetaria. El acceso al dinero del exterior marca una diferencia en niveles de consumo y de bienes y servicios escasos o inexistentes en la economía gobernada por el peso cubano, el pariente pobre de esta historia. Distintos estudios han señalado que las remesas profundizan las desigualdades entre los núcleos familiares cubanos y que se concentran fundamentalmente en la ciudad de La Habana (la llamada “desigualdad espacial”).

 

Este patrón de asimetría está atravesado, además, por diferencias raciales, lo cual se sustenta en el hecho de que la migración cubana hacia los Estados Unidos ha tenido, históricamente, un fuerte componente de población blanca, por lo menos hasta el Mariel: se estima que el 86% de los emigrantes cubanos allí radicados se autoperciben como tales. Lo anterior tiene un impacto en la recepción del dinero de este lado: son, por utilizar un símbolo, las viejecitas con espejuelos mandados de allá que suelen verse a menudo en las tiendas de recaudación de divisas. El dato ha sido comprobado por distintos estudios de campo, pero debe ser puesto en perspectiva porque podría conducir a la idea errónea de que en Cuba los negros se encuentran privados del acceso a las divisas, lo cual no es enteramente cierto si se considera que a menudo desempeñan funciones dentro del trabajo por cuenta propia --mecánicos, constructores, plomeros, etc., servicios bastante caros y abrumadoramente cobrados al cliente en CUC--, lo cual les permite tener acceso a esa moneda, a veces de manera más sistemática que las familias que reciben dinero de Miami y en general del exterior.

 

Aun cuando las remesas se destinan fundamentalmente a aumentar los ingresos familiares y ayudar a la subsistencia, un monto no precisado se emplea para poner a funcionar microempresas familiares, bien legales (por ejemplo, las paladares o alquileres de habitaciones) o ilegales (los bancos de películas y música pirateada). En tales casos, se reduce la dependencia a la familia en el exterior, en el entendido de que el negocio prospere y por consiguiente sus ingresos se mantengan estables o crecientes. Un hecho no muy conocido son las “remesas al revés”, es decir, personas que generan en esas actividades suficiente dinero como para enviarlo a sus familiares en el exterior, sobre todo a los allí recientemente establecidos. Aunque puntual, se trata de un fenómeno aún no suficientemente estudiado por economistas y sociólogos debido a la inexistencia de datos.

 

Por lo anterior, el envío de dinero a Cuba procedente de los Estados Unidos constituye hoy un componente fundamental en la política norteamericana hacia Cuba, dirigida a fortalecer de esta manera sectores de la sociedad civil, la cultura del laissez faire y el desenganche del Estado. Esta medida no cuenta con el respaldo del exilio histórico, pero en cambio resulta crecientemente apoyada por la emigración establecida en los Estados Unidos a partir del Mariel y, en particular, por la llamada nueva emigración de los años 90, como lo muestran las encuestas más recientes de Florida International University y otras.

 

Y, por último, está el gravamen estatal. Como una movida ante las acciones norteamericanas sobre las transacciones financieras internacionales de Cuba, una consecuencia del embargo/bloqueo, en octubre de 2004 el gobierno cubano impuso un gravamen al dólar estadounidense (no se aplica a otras monedas) en su cambio por el Pesos Cubanos Convertibles (CUC). Esa acción, impopular a ambos lados del Estrecho, constituye un factor de desestímulo a las remesas procedentes de los Estados Unidos y, a más largo plazo, al turismo que ingresaría a la Isla de producirse un levantamiento de la prohibición legal actualmente vigente. Fue acompañada por la retirada de los dólares de la circulación y su reemplazo por el CUC, que se cotiza a 24 pesos cubanos por uno en las CADECAS o casas de cambio. Junto a las restricciones implementadas por la administración Bush en el envío de dinero en ese verano de 2004, ello incidió en el decrecimiento de las remesas durante el período.

  

Alfredo Prieto. Ensayista y editor cubano. Reside en La Habana.

 
 

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De: Nombre Leonel, Ubicación La Habana
Oigan, tremendo análisis. Felicito al autor y al periódico por este excelente articulo. Es una lástima que cosas como estas no salgan en la prensa cubana.