Jueves, 2 de Septiembre, 2010
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OPINIONES  
OTRAS OPINIONES DE
ALFREDO PRIETO. ENSAYISTA Y EDITOR CUBANO. RESIDE EN LA HABANA.
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14 de Junio del 2009, 9:17 AM
Elogio de Sor Ethel
 

 Sor Ethel Sifuentes terminó su labor yendo al baño de hospital para su acostumbrado ejercicio de lavarse las manos en una palangana de peltre con agua de rosas. Ese día había atendido a siete pacientes consecutivos que, entre el asombro y el estupor, se habían sentido en un oasis que los transportó de golpe a su temprana adolescencia y a la primera vez que se les pusieron los ojos en blanco ante el estruendo mudo del sexo en solitario.

 

La hermana pertenecía al Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios, una piadosa iniciativa aprobada en 1847 por el Obispo de Málaga para atenuar los problemas de abstinencia sexual de los enfermos, y que según se afirma llegó a extenderse por España e incluso por varios países de América Latina. Esta noble institución católica, en la que no sólo participaron monjas sino también voluntarias laicas de diversa estirpe, ejercía la labor humanitaria y caritativa de vaciar las cananas de los enfermos con un sentido del pragmatismo que parece haber perdido (si es que alguna vez lo tuvo) el liderazgo vaticano, cuya postura sobre la  sexualidad, la fornicación, la homosexualidad, la masturbación y otros temas humanos parece como un fósil flotante en medio del mar de las secularizaciones.

 

 Para las huestes de Benedicto XVI, en esto seguidoras de Juan Pablo II, la masturbación  constituye en efecto un pecado degradante, un grave desorden moral que  afecta los resultados escolares, causa fracasos en el deporte y conduce a la neurastenia, algo que yo no escuchaba desde la época en que tiraba piedras por los solares yermos de La Habana. El Vaticano lo había establecido desde 1976: “El uso deliberado de la facultad sexual fuera de la relaciones conyugales normales, contradice esencialmente la finalidad de esa facultad” que traducida al lenguaje llano significa llenarse de hijos.

 

El Opus Dei, una especie de partido de vanguardia del conservadurismo católico, define a la masturbación como “la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener el placer venéreo”, para después considerarla, acudiendo a la doble moral de la feligresía, como “un acto intrínseca y gravemente desordenado”, una idea escoltada por un sorprendente sentido de la exclusión: “el orgasmo, que es la sacudida que experimenta el cuerpo con la satisfacción del placer sexual, es un derecho exclusivo de los casados”, de manera que en el bosque de la sexualidad no tienen cabida los cazadores solitarios. Los únicos resquicios que se salvan de las llamas parecen ser las poluciones nocturnas, denominadas “conmociones orgánicas involuntarias” que no “pecan contra la pureza”, este último un concepto de claro sentido gnóstico. Pero es sobre todo una proyección de la humedad del celibato --si se cumple con ortodoxia--, vigente para los monjes en medio de un clima de escándalos sexuales que van desde la pedofilia del padre Oliver O´Graidy hasta la filmación de un sacerdote con una parroquiana de origen griego en las cálidas arenas de Miami Beach.

 

En Casos de conciencia. Diálogos entre el Duque de Rivas y don Antonio Alcalá Galiano, un texto del propio siglo XIX español, su autor se pregunta:

 

¿Habré yo pecado

que apagada ya la luz

y después de hecha la cruz,

en esta cama acostado

llevé, medio adormilado,

la mano hacia las pudicias

y empecé a hacerles caricias

y cosquillas sin cesar

viniendo el juego a parar

en llenarme de inmundicias?

 

Tal vez valdría la pena que el actual Obispo de Málaga, Monseñor Jesús Catalá Ibáñez, tenga en cuenta la soledad de esta estrofas y se decida a reciclar la labor solidario-asistencial de las pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios como un acto de justicia, reconocimiento y recordación de aquellas abnegadas trabajadoras de la salud pública que, como Sor Ethel Sifuentes, tanto hicieron por sus enfermos, más turbados que nunca por esas manos de seda que un día los llevaron a la Vía Láctea sin haber salido nunca de la Tierra.

 

 

 

 

 

Alfredo Prieto. Ensayista y editor cubano. Reside en La Habana.

 
 

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De: Rosla, Ibiza
Viva Sor Ethel y cipote de Arcxhidona

De: The Doctor, Madrid
No entiendo tanto comentario negativo. Se trata de una historia totalmente contrastada, de hecho Sor Ethel Sifuentes se encuentra entre un escogido grupo de enfermeras teóricas que han creado sus propios modelos conceptuales de enfermería y su influencia sobre el trabajo habitual actual de estas profesionales es comparable al de otras reconocidas enfermeras como Florence Nightingale, Callista Roy, Virginia Henderson, Dorotea Orem, Hildegarde Peplau o Martha Rogers entre otras.
Espero que esta aportación sirva para disipar las dudas sobre este artículo y para que Sor Ethel sea reconocida como merece.

De: Nombre Juan, Ubicación España
Mensaje - Máximo 700 caracteres Las monjas no merecen este cachondeo a su costa,estan dando su vida,juventud y amor por todo el mundo para que venga ahora un inculto con semejante basura,

Esta noticia tiene 13 comentarios. Ver todos >>