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El ciclón San Zenón, el 3 de septiembre de 1930, fue el bautizo infernal de la recién nacida Era de Trujillo.
Aquel suceso exhibe ante la historia 8 mil muertos y 20 mil heridos. Según datos oficiales. Santo Domingo tenía entonces 70 mil habitantes.
Además, casi todas las viviendas de madera en Villa Duarte y Villa Francisca quedaron inservibles, durante la brevedad de 2 o 3 horas.
Tal acontecimiento fue algo más que víctimas. Fue el preludio de algunas de las actitudes más emblemáticas de la tiranía: el autoritarismo, la propaganda y la lucha contra la deuda externa.
La tragedia fue oportuna para una retahíla de discursos y proclamas, como expresión de la propaganda que sustentó ese régimen hasta el momento posterior a su ocaso.
El 5 de septiembre, Trujillo anunció La Ley Marcial. En la víspera, el Congreso suspendía las garantías constitucionales y otorgaba al Jefe poderes extraordinarios, so pretexto de aquella calamidad.
En esa circunstancia, Mr. Ormes, el director interino de la Receptoría General de Aduanas, inició las diligencias para que el gobierno de los Estados Unidos concediera una moratoria al programa de pago de la deuda externa, la cual se amortizaba desde el año 1905 mediante la administración extranjera de esa institución recaudadora.
Trujillo rechazó formalmente ante el Departamento de Estado tales gestiones y confirmó la continuidad del programa de pago.
El 30 de septiembre, el mandatario dominicano reiteró la misma actitud frente a un préstamo expreso de 3 millones de dólares que ofreciera el presidente estadounidense, Herbert Hoover. Fue tal la insistencia norteña que Elliot Wadsworth visitó a Trujillo como delegado oficial para esos fines, según Marrero Aristy.
Como testimonio de ese lineamiento permanece el monumento, apodado por la inmemorable histórica, Obelisco Hembra. En realidad este fue erigido en homenaje al Tratado Trujillo-Hull, en 1940. El acuerdo puso fin a la administración norteamericana en las aduanas criollas.
La culminación de este proceso sucedió en 1947, cuando el gobierno dominicano canceló la totalidad de su deuda externa.
Hoy, a 60 años de la llamada "independencia financiera" y con la tormenta Noel revolviendo en forma cruel la miseria dominicana, permanece incólume el autoritarismo y la propaganda gubernamental.
El mesianismo, las exhortaciones para la integración nacional son rampantes. El santiguo cardenalicio tiene la misma función implícita, salvo que ya no lo ejecuta Monseñor Ricardo Pittini.
Mas, la política sobre endeudamiento público es hoy completamente inversa, pues Noel ya es motivo para la gestión de un préstamo expreso de 200 millones de dòlares. Y es que la República Dominicana vive un presente subsidiado con el abono de un futuro incierto y más alevoso que Noel.
¡Ay!, si en la víspera de esta tormenta hubiese existido el mismo grado de diligencia y precaución que adornan a los procesos de empréstitos.
Andrés Durán
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